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De sábado sin Alcohol…

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Sin Alcohol
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Suavecito… “No es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar”, reza el dicho popular. Una expresión que cae como anillo al dedo para el caso de la agresión conjunta de Donald Trump y Netanyahu contra de Irán. Lo que prometieron acabaría en un par de días, justo hoy arriba a un mes y no hay señales de que por el momento habrá un final victorioso para los aliados. Se confiaron en su poder militar y las desventajas comparativas del país persa, pero todo ha pasado a ser un dolor de cabeza en medio de un callejón sin salida. El país persa le ha dado la pelea, al grado de que Donald Trump se ha visto obligado a solicitar desesperada ayuda a sus aliados occidentales y del Medio Oriente, ante los golpes tácticos que los iraníes le han asestado con el control del Estrecho de Ormuz y el bombardeo a sus bases militares e instalaciones petroleras en la región. Y las cosas se le ponen peor con la suma ahora de los Hutíes que ya iniciaron bombardeos contra Israel usando misiles balísticos. Hay en el presente Gobierno tendencias reiteradas que le consagran como un continuador de ciertos métodos balaguerista. No pueden ser peores en el rendimiento de informes finales, respecto a hechos y situaciones que provocan impacto en la sociedad. Los ejemplos son muchos, pero nos importa por el momento el relativo las causas que provocaron el último gran apagón nacional. Casi a dos meses y a pesar de que el jefe de Energía y Minas no descartó que obedeciera a causas intencionadas, acerca del caso no hay ninguna información concluyente, que al menos los dominicanos conozcan. ¿Qué lo impide? A los dominicanos con frecuencia nos zumban las orejas por las críticas vehementes de los hombres de empresas y sus instituciones, sobre el desempeño de los políticos en las funciones públicas. Critican la incapacidad gerencial de éstos, su condición de pésimos administradores, su ineptitud para encarar los problemas eléctricos, la corrupción, el tema de la salud y la calidad de los servicios públicos, en fin, el empresariado criollo se la pasa descalificando a los partidos y al liderato político por sus pésimos servicios a la Patria. Naturalmente, en el fondo se trata de una actitud de pose que no sólo le genera beneficios de imagen, sino que encubre su incapacidad y los irritantes privilegios que ese estado de cosas le genera de manera excluyente e improductiva. (CE).

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