Suavecito…El capítulo abierto en RD por el cierre de la oficina de la DEA, es mucho más que un espectáculo que deleita y escandaliza a más de uno a la vez. Las incógnitas del caso aportan suficientes elementos para dudar y conjeturar, sin dejar de proyectar consecuencias que solo el tiempo develará. ¿Cómo encaja en la razón que una dependencia directa de Estados Unidos incube en su fuero y promueva desde ella actos de corrupción? Aunque lo poco que se sabe hasta ahora vincula la vergonzosa actuación solo al tema de negocios corruptos con visados norteamericanos, por la preminencia de la oficina y las facilidades operativas con que esas instancias del Norte se mueven en este país, no es mucho exigir que las investigaciones abarquen el tema del narcotráfico. Tampoco lo es que las autoridades dominicanas fijen posturas lo suficientemente creíbles acerca de la abominable actuación de la DEA en nuestro territorio. ¿Acaso pudiera vincularse el florecimiento del negocio de las drogas a la confabulación interesada de esa representación en República Dominicana? Dudas no hay de que la batalla contra el flagelo definitivamente fracasó, pero se sabe muy poco del por qué. El pasado se arrastra y sus huellas marcan y perduran, independientemente de los buenos deseos e intenciones. Los Peledeístas conocen más que nadie de esas adversas enseñanzas. Por eso el proceso anunciando para escoger a su candidato presidencial, está obligado a ser inmaculado. Libre de manipulaciones e imposiciones que le contaminen y al final provoquen resultados fallidos, como los que solo sirven para reafirmar mandonismos desfasados e intereses que enrumben al partido hacia el fracaso electoral en el 2028. La competencia interna debe ejercerse en su libertad plena y erigirse en garantía de los derechos de cada actor participante en el proceso. (CE).








