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Crean robot con tejido cerebral humano

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Los científicos chinos ven su tecnología de cerebro en chip como clave para desarrollar una inteligencia híbrida humano-robot. Foto de referencia del Mobile World Congress 2024 en Barcelona.Imagen: Marc Asensio/NurPhoto/IMAGO.
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Científicos chinos han creado un robot con un «cerebro» artificial de células madre humanas que puede evitar obstáculos y agarrar objetos.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Tianjin y la Universidad Meridional de Ciencia y Tecnología ha dado un paso audaz en la integración de la biología y la robótica, al crear un robot que funciona con un «cerebro» artificial desarrollado a partir de células madre pluripotentes humanas.

Según el South China Morning Post, este robot con un organoide cerebral cultivado in vitro, acoplado a un chip de electrodos y conectado a través de una interfaz neural, no solo puede mover sus extremidades, sino que también puede evitar obstáculos y agarrar objetos, demostrando capacidades que imitan algunas funciones del cerebro biológico.

Pero el experimento no se detiene allí: los científicos, como explican en su reciente artículo publicado en la revista Brain de Oxford University Press, están explorando el uso de ultrasonidos de baja intensidad para mejorar el desarrollo e integración de los organoides cerebrales, lo que podría abrir nuevas vías para el tratamiento de trastornos del neurodesarrollo y la reparación de daños cerebrales.

Los científicos lo describen como el «primer sistema inteligente de interacción de información compleja cerebro-en-chip de código abierto del mundo».

Investigación aún en sus primeras etapas

Sin embargo, es importante mantener una perspectiva realista. Por muy sugerentes que sean las imágenes proporcionadas por los investigadores y reproducidas por muchos medios de comunicación, como señala New Atlas, las bolas rosas que parecen materia cerebral son en realidad maquetas o «diagramas de demostración de futuros escenarios de aplicación».

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En ese sentido, aunque este avance (y las imágenes proporcionadas) sugieren escenarios que parecen sacados de películas como RoboCop, o la obra literaria de Mary Shelley, Frankenstein, la investigación está todavía en sus primeras etapas, lejos de estos escenarios de ciencia ficción.

Por ejemplo, Li Xiaohong, de la Universidad de Tianjin, ha advertido que, aunque los organoides cerebrales son un modelo prometedor de inteligencia básica, la tecnología aún enfrenta desafíos como la baja madurez de desarrollo y el suministro insuficiente de nutrientes.

Aun así, los investigadores mantienen un optimismo cauteloso sobre las aplicaciones futuras, incluyendo la posibilidad de utilizar organoides para reparar daños cerebrales en humanos, ayudando potencialmente a pacientes que han sufrido derrames cerebrales.

Como indica "New Atlas", quizás esta imagen de Cortical Labs sea una mejor representación de cómo se verán estos cerebros en chips en la realidad.
Como indica «New Atlas», quizás esta imagen de Cortical Labs sea una mejor representación de cómo se verán estos cerebros en chips en la realidad.Imagen: Cover-Images/IMAGO

Avances en interfaces cerebro-ordenador

Este enfoque ha tenido precedentes. Por ejemplo, el año pasado, investigadores de la Universidad de Pensilvania insertaron neuronas humanas en el cerebro de ratas con la corteza visual dañada, logrando que algunas zonas afectadas respondieran a estímulos externos como la luz.

Además, este proyecto se suma a una serie de avances recientes en la intersección de la biología y la robótica. Por ejemplo, hace poco científicos japoneses injertaron piel humana viva en la cara de un robot humanoide para darle un aspecto más realista y mejorar su capacidad de expresar emociones. También coincide con avances como el chip Neuralink de Elon Musk, diseñado para permitir el control de dispositivos electrónicos a través de la actividad cerebral.

A pesar de los recientes avances, todo parece indicar que el camino hacia una verdadera integración de tejido cerebral cultivado en laboratorio con sistemas robóticos aún es largo y está lleno de desafíos éticos y técnicos por resolver.

Felipe Espinosa Wang con información de South China Morning Post, New Atlas e Intersting Engineering.

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