Mojigandiando el sábado
La Casa de Alofoke (2)

Por Alejandro Espinal
La telerealidad, también conocida como reality show, es una de las expresiones más características de la televisión moderna. Su propósito es ofrecer un espectáculo crudo y entretenido, dirigido a un público adulto, sin guión alguno.
Los participantes pueden ser personas desconocidas, profesionales de distintas áreas, artistas o influenciadores de las redes sociales. En muchos países de América estos programas han ganado fuerza por su estilo directo y su intento de no esconder nada detrás de las cámaras.
Bajo ese concepto surge La Casa de Alofoke, que llega a su segunda edición, combinando entretenimiento, controversia y cultura popular.
Apuntes de La Casa de Alofoke
Produce contenido crudo las 24 horas del día durante 30 días.
Utiliza una casa de lujo dentro de un estudio de cine, equipada con más de 50 cámaras que cubren todas las incidencias.
Sus inquilinos incluyen artistas, influenciadores, deportistas y humoristas.
Presentan artistas locales y extranjeros, con el objetivo de mantener una audiencia amplia y diversa.
Su intención es ofrecer entretenimiento, sin pretender ser un polo cultural o educativo (aunque más de dos millones de televisores en el país y toda América lo siguen diariamente).
Se muestra la convivencia real entre muchas personas, cubriendo solo los baños y sanitarios.
Características
Costo aproximado: dos millones de dólares.
Premio: cuatro millones de pesos y un Ferrari.
Participantes de Puerto Rico, Cuba, Panamá y Venezuela, además de dominicanos del país y del extranjero.
Transmisión principal a través de un canal de YouTube.
Busca establecer un Récord Guinness como el programa con más horas continuas de transmisión en vivo por televisión.
Las críticas
El contenido de este programa es claro y sin filtros: no tiene libreto y se adhiere a la tendencia global de la exposición total. No se puede esperar que sea un monasterio, sino un reflejo de lo que es el entretenimiento actual.
Si hiciéramos un símil con personajes de otros tiempos, imaginemos a Pitágoras desarrollando su teorema, a Sócrates diciendo “solo sé que no sé nada” y a Heráclito preguntándole: “Loco, ¿tú ta en vicios?”
¿Se imaginan una Casa de Alofoke con Balaguer, Juan Bosch y Peña Gómez?
Uno con su verbo florentino y su malicia política, otro con su método didáctico, y el tercero con su elocuencia apasionada. ¡Ay, Padre!
Y si hubiera una tercera edición con Leonel Fernández diciendo:
“Profesor, estamos trabajando hacia una República más cibernética.”
Recibiendo de Hipólito Mejía:
“No venga con vainas que yo no jodo con eso.”
Y con Abinader interviniendo:
“Tengan por seguro que yo respetaré a cada uno de ustedes.”
Quizás le toque al Ministerio de Cultura, la Secretaría de Educación y Radio Televisión Dominicana lanzar su propio reality show con Andrés L. Mateo, Andy Dahuajre, Euclides Gutiérrez Félix y los rectores de todas las universidades.
Entonces sí compraremos los ratings…
y descubriremos en qué está pensando la gente llana del país y América.
Cuentecito:
Entre un grupo de amigos, uno pregunta:
—José, ¿y cuántos años tienes de casado con tía?
José responde:
—Cincuenta y cinco… si hubiera matado uno hace veinticinco, ya estuviera suelto








