-El término «subsidio» se utiliza más como una herramienta de comunicación política para mostrar empatía con el bolsillo del ciudadano, ocultando el hecho de que el combustible sigue siendo la «alcancía» preferida del Estado debido a su facilidad de cobro y alto volumen de consumo-
(Tercera parte)
Buenos días. En la entrega anterior analizamos la millonaria cantidad de papeletas que el Gobierno recaudó tanto en 2025 como en el período 2020-2025, por concepto de los altos impuestos cargados a los combustibles. Hoy nos enfocamos en los gastos en subsidios para amortiguar los efectos de las alzas del petróleo, que siempre se presentan como “sacrificios” o pérdida del Gobierno para proteger a los consumidores. De los 100 mil millones 200 mil pesos captados en el año 2025 por los impuestos a los combustibles, las autoridades destinaron 15 mil millones para subsidiar los precios, lo que quiere decir que el Gobierno ganó 85 mil millones, aunque a nivel público la cifra se maneja como una pérdida o un sacrificio en beneficio de la gente. Los ingresos del 2020 al 20225 fueron de aproximadamente 440 mil millones y lo destinado a subsidios alcanzó los 88 mil 612 millones. El Gobierno ganó 352 mil millones de pesos en el indicado período. Naturalmente, hablar de subsidio es parte de una narrativa oficial que se contrapone a la realidad contable del Estado. Si bien el Estado asume una deuda con las importadoras para que estas no trasladen el costo al consumidor cuando sube el crudo, de todas maneras, sigue recibiendo miles de millones de pesos. El «subsidio» a los combustibles es, en esencia, una reducción del margen de beneficio impositivo proyectado, no una pérdida como ayer y hoy se hace creer a la población. Ese manejo se promueve de forma agresiva por una razón política y a la vez económica, que es la inflación. Si el combustible sube, sube todo (transporte, comida, servicios) y al destinar una parte de su recaudación potencial, el Gobierno intenta evitar un costo político mayor y una desestabilización de la economía. De manera que el término «subsidio» se utiliza más como una herramienta de comunicación política para mostrar empatía con el bolsillo del ciudadano, ocultando el hecho de que el combustible sigue siendo la «alcancía» preferida del Estado debido a su facilidad de cobro y alto volumen de consumo. Mantener las leyes actuales le permite al Ejecutivo jugar con el margen. Cuando hay presión social, aplican el «subsidio», que como vimos, es solo dejar de cobrar el excedente, para presentarse como protectores de la economía familiar, sin necesidad de pasar por el Congreso para modificar la ley. Es una flexibilidad política que no tendrían con un impuesto fijo más bajo. Pero, ¿por qué se habla de petróleo y no de combustibles ya refinados? Seguimos…








