Buenos días. El mundo ríe con la muela de atrás ante el hedor nauseabundo que brota imprudente del trasero de renombrados líderes políticos, empresariales y del espectáculo, celebridades y figuras señoriales del capitalismo norteamericano, europeo y hasta latino, que tienen en común su abominable conducta depredadora en el asqueroso caso Epstein. Pero son carcajadas que arrastran el sentimiento de ira frente a la execrable conducta de pedófilos, bestias inmorales, abusadores de niñas inocentes, perversos depravados que abusaron y trataron a indefensas criaturitas, como despreciables mercancías para satisfacer sus aberraciones sexuales. Indignan los nombres de intocables monstruos que todavía hoy, como si nada habría pasado, concentran y manejan el poder mundial, controlan a países y sociedades, actuando como si solo fueran personajes contratados por uno de sus emporios cinematográficos. Y el pus que hediondo brota de las entrañas misma de un capitalismo que se vanagloria de cualidades que solo encarnan fantasías frustrantes, genera el innevitable asco que revolotea los estómagos de una humanidad sorprendida, indefensa y estupefacta…









