
Buenos días. Es una imperdonable vergüenza que en los actuales momentos persistan en República Dominicana prácticas policiales que fueron superadas y que, como legado azaroso, nos dejaron el triste recuerdo de represión, encarcelamiento y asesinato de periodistas. Se sumaban, además, fuertes acciones de censura contra la prensa independiente, así como el castigo criminal a ciudadanos solo por su pensar político contrario a los regímenes represivos y dictatoriales que hemos padecido. Con sangre y sacrificio esos tiempos fueron superados y con la democracia, llegó la instauración de un ambiente de respeto a la dignidad humana, de tolerancia a la disidencia política y de resguardo a la libertad de prensa, de libre expresión del pensamiento, que se amparan en legislaciones propias y normativas internacionales. Desde tiempos relativamente recientes, esas prerrogativas son resquebrajadas con actuaciones policiales destempladas, extemporáneas y contrarias al estado de derecho reinante, convirtiendo a periodistas, trabajadores de la prensa, a medios de comunicación y a ciudadanos comunes, en víctimas de sus acciones arbitrarias y desaprensivas. Peligrosamente se ignora a la Constitución Dominicana, a las convenciones internacionales de las que somos signatarios como nación, también a las leyes que amparan el libre ejercicio del periodismo, la libertad de expresión y el derecho de buscar y difundir información de interés público. Perioditas y trabajadores de varias provincias del Cibao se manifestaron ayer domingo contra esa peligrosa situación y la ocasión es propicia para repudiar el proceder violento e ilegal contra la prensa, para recordar que en nuestro régimen no figura la pena de muerte, ni mucho menos se confiere libertad absoluta a ningún institución oficial o de cualquier otra naturaleza, como la Policía Nacional, para tomarse la libertad de reprimir y obstaculizar a la prensa, tampoco para juzgar y ejecutar a ciudadanos en las calles. Los dominicanos todos debemos estar alerta y resueltos a enfrentar, a impedir, que los atropellos policiales contra periodistas y ciudadanos, sigan fortaleciéndose sin consecuencia alguna. Y las autoridades tienen la obligación de frenar los abusos antes de que sigan tomando fuerzas superiores ¡Ya no estamos en tiempos del trujillato y el balaguerato! ¡Tampoco lo permitiremos como nación!








