Por Leonardo Cabrera Díaz
Ahora que ya no estoy, que solo soy un vago recuerdo;
y que de mí, en la pared, fotos mías ya no tendrás.
Me pregunto si el perro habrá olvidado mi rastro en la alfombra,
si lamerá la mano de alguien más o si aún me busca entre las sombras.
¿Ladrará o dará el mismo salto de alegría?
Al ver a ese alguien llegar,
¿parará las orejas si oye mi nombre mencionar?
¿Sentirá en su alma pura
que ese alguien será su nuevo dueño,
o le asalta alguna duda?
¿Extrañará en el patio nuestras viejas contiendas?
¿Correrá tras su sombra?
¿O sentirá deseos de jugar?
¿Se habrá dado cuenta
de que ese alguien no soy yo?
Pero de verdad, algo me inquieta.
Una duda que retumba en mi cabeza,
que me ahoga y me rompe el pecho;
y casi enloquezco de tanto pensar…
¿A quién le moverá la cola el perro?
Con Dios siempre, a sus pies.








