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Sin Alcohol… Código y malicia empresarial

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Suavecito… Código y malicia empresarial. Sale a relucir que el empresariado ha librado una lucha soterrada y tenaz en busca de que el nuevo Código Penal libere a sus empresas de cualquier responsabilidad penal. Empujan hacia la conquista de un privilegio más, otro innegociable como es no tener que responder ante las leyes y la sociedad por sus acciones indecorosas y viles. ¿Qué se oculta detrás de esta resistencia? La postura sugiere un peligroso intento de rehuir un compromiso ineludible y sagrado que debe ser desenmascarado públicamente y combatido con energía. Ese rechazo empresarial no es un simple debate técnico; parece un escudo para blindar la impunidad en delitos graves como el fraude, la corrupción, el lavado o el daño ambiental. Quieren usar la figura jurídica como escondite para dejar la culpa en individuos prescindibles. El verdadero liderazgo corporativo exige transparencia y rendición de cuentas, no evasión. Si operan con absoluta integridad, ¿a qué le temen exactamente? Una sociedad democrática y moderna exige que las empresas asuman las consecuencias de sus actos, sin privilegios inaceptables que vulneren nuestro frágil Estado de derecho dominicano.METAMORFOSIS DE FAIRIDE.  Cómo olvidar el verbo incisivo e incendiario de la ex senadora y actual ministra de Interior y Policía, Faride Raful. Los pasillos y el hemiciclo del Senado temblaban ayer ante las denuncias y señalamientos implacables de la «leona» de la oposición, quien a todo pulmón rugía contra la corrupción, los préstamos que condenaba y llamaba interminables, además de la inseguridad, entre otros temas. Toda ella, se portaba como “un gallito de pelea”, se creía la voz de la conciencia nacional, al menos eso vendía, pero hoy, instalada cómodamente en el Ministerio de Interior y Policía, parece que el aire acondicionado del despacho le congeló las cuerdas vocales, frisó su energía y hasta apagó su otrora indignación. De repente, para Faride Raful, los préstamos ahora son «necesarios», la inseguridad es cuestión de «percepción» y aquellos tuits incendiarios pasaron a convertirse en reliquias arqueológicas. Su Metamorfosis es un acto de magia digno de aplauso: transformar la rebeldía estruendosa en una complacencia silenciosa que no resuelve absolutamente nada. Y de paso, resulta que la cura infalible para su hiperactividad crítica nunca fue gobernar mejor, sino alcanzar el ansiado poder. (CE).

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