Por Hilario Ramírez
Ya sea por envidia o por sentimientos de impotencia al descubrir que todos se alejan de ellos debido a su conducta antisocial, existen personas que buscan conquistar la confianza de jóvenes con una trayectoria prometedora, con el propósito de mantenerlos cerca y volverlos dóciles. Para lograrlo no necesitan administrar sustancias psicoactivas, pues les basta envolverlos con palabras capaces de narcotizar su pensamiento.
Ese tipo de personas suele comunicarse de manera impecable, sin dejar entrever ninguna malicia. Por el contrario, se muestran solidarias, generosas y dispuestas a brindar apoyo.
Invitan a compartir un café, un refrigerio o cualquier aperitivo para iniciar un proceso de manipulación sobre una mente vulnerable. Poco a poco desarrollan un interrogatorio sutil, sustentado en una especie de falso psicoanálisis.
De esa manera identifican los puntos débiles de sus víctimas, descubren las dificultades familiares que contribuyen a su desorientación y aprovechan esa información para influir mediante recomendaciones engañosas, capaces de convertirlas en personas de la misma calaña que esos vendedores de palabras que drogan.
Las sociedades de todo el mundo sufren el impacto de la guerra silenciosa de las drogas sintéticas y orgánicas.
Curiosamente, muchas personas procuran llevar un estilo de vida libre del consumo de sustancias, alejadas de ambientes contaminados y de los lugares donde operan los vendedores de drogas.
Sin embargo, pocas se detienen a pensar en la existencia de otra droga, común a cualquier nivel social, que penetra en la vida de las personas sin necesidad de pedir permiso.
Se trata de la droga escondida en las palabras cargadas de malicia, condimentadas con intenciones premeditadas de dañar, truncar proyectos o humillar. Son palabras dirigidas a quebrantar la dignidad de alguien hasta hacerlo flaquear y menospreciar su propio valor y sus principios.
Discursos que narcotizan
Los «discursos que narcotizan» son narrativas, estrategias de comunicación y relatos —políticos, mediáticos o de entretenimiento— que buscan adormecer el pensamiento crítico, normalizar la violencia o minimizar la gravedad de los problemas sociales.
Su objetivo consiste en mantener a la población en un estado de pasividad, resignación o falsa seguridad.
Entre sus principales mecanismos se encuentran:
– Normalización de la violencia: presentan el crimen, la corrupción o el narcotráfico como fenómenos cotidianos e inevitables, transformando la indignación en resignación.
– Narrativas de polarización y enemigos externos: utilizan amenazas externas o apelan a la soberanía nacional para desviar la atención de las crisis internas, la ineficiencia gubernamental o el avance del crimen organizado.
Las palabras envolventes
Las palabras envolventes constituyen un recurso de manipulación psicológica destinado a atrapar a la víctima en un estado de confusión, miedo o urgencia, impidiéndole pensar con claridad.
Los estafadores recurren a este lenguaje persuasivo para engañar mediante falsas negociaciones, extorsiones o la venta fraudulenta de sustancias.
Entre las modalidades más frecuentes se encuentran:
Venta de drogas falsas. Los delincuentes hacen pasar sustancias inocuas, como azúcar o yeso, por drogas reales. Para convencer a sus compradores utilizan un lenguaje persuasivo e incluso realizan demostraciones simuladas.
Falsos cargamentos incautados. Los estafadores llaman haciéndose pasar por agentes de seguridad o funcionarios de aduanas, afirmando que un paquete con drogas a nombre de la víctima ha sido interceptado. Mediante un discurso confuso y amenazante presionan para que pague una supuesta multa o transfiera dinero con el fin de evitar consecuencias legales.
Extorsiones por falsos nexos. Se comunican asegurando que un familiar ha sido secuestrado o que la persona está siendo amenazada por un supuesto cártel. Emplean un libreto cargado de palabras intimidantes y urgentes para generar pánico y exigir pagos inmediatos.
Recomendaciones para evitar estos engaños
– Mantenga la calma. Los estafadores buscan que actúe impulsivamente y dominado por el miedo. Si recibe una llamada amenazante, cuelgue de inmediato.
– No confirme información personal. Al responder llamadas de números desconocidos, evite proporcionar datos o responder afirmativamente de manera automática. Es preferible preguntar: «¿Quién habla?» o «¿De parte de quién?».
– Desconfíe de las ofertas demasiado buenas para ser ciertas. Si le ofrecen sustancias, negocios o beneficios extraordinarios, manténgase alerta.
– Verifique siempre por sus propios medios. Nunca confíe ciegamente en la historia que le cuentan. Si se trata de un supuesto problema legal o familiar, comuníquese directamente con las autoridades competentes o con sus familiares utilizando canales oficiales.








