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Alex Bueno y el camino de regreso

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Ramón Leonardo

Hoy recibí por las redes sociales una noticia sobre Alex Bueno. No sé si es verdadera o falsa, y por respeto a él, a su familia y a sus seguidores, no quiero afirmar aquello que no ha sido confirmado.
Sin embargo, la noticia me llevó a reflexionar.
No conocí personalmente a Alex Bueno. Lo conocí como millones de dominicanos: a través de su voz, de sus canciones, de sus interpretaciones memorables y de esa capacidad especial que tienen algunos artistas para acompañar momentos importantes de nuestras vidas.
Lo recuerdo primero formando parte de una agrupación musical y luego como una figura que construyó su propio camino. También recuerdo que atravesó momentos difíciles, crisis que pudieron haber destruido su carrera y quizás su propia vida. Pero logró algo que merece admiración: levantarse.
Siempre he pensado que cuando una persona cae y encuentra fuerzas para ponerse de pie nuevamente, se convierte en un ejemplo para los demás. Levantarse después de una derrota requiere más valor que mantenerse de pie cuando todo marcha bien.
Por eso, más allá del artista, veo en Alex Bueno un mensaje para muchos jóvenes y adultos que hoy se encuentran atrapados en los vicios, en la desesperanza, en la depresión, en el resentimiento o en problemas que parecen no tener salida. Su historia recuerda que siempre existe la posibilidad de volver a empezar.
Hay personas abatidas por una enfermedad. Otras por una decepción amorosa. Algunas por problemas económicos. Muchas por errores que cometieron en el pasado. Y otras por sus propias debilidades.
Vivimos en una sociedad que parece haber perdido el norte. Y cuando un navegante pierde el norte, deja de saber hacia dónde va. Ya no puede orientar las velas ni aprovechar los vientos. Entonces las olas, que antes eran un desafío, se convierten en una amenaza.
Pero la vida nos enseña algo extraordinario: no son los vientos los que determinan nuestro destino, sino la forma en que orientamos las velas.
Habrá tormentas. Habrá momentos en que el mar parezca demasiado grande para nuestras fuerzas. Habrá caídas que nos harán pensar que todo ha terminado. Sin embargo, mientras exista voluntad, mientras quede fe, mientras el corazón conserve una chispa de esperanza, siempre será posible corregir el rumbo.
Las tormentas no hunden a los navegantes que conservan el norte; los hunde olvidar hacia dónde se dirigían.
Por eso me llaman la atención las personas que logran levantarse después de haber caído. No porque sean perfectas, sino precisamente porque no lo son. Porque conocen el dolor, conocen el fracaso, conocen sus errores, y aun así deciden continuar.
No permitas que una caída se convierta en tu identidad. Las caídas son episodios de la vida; levantarse es una decisión del alma.
Un gran pensador cristiano enseñaba que la verdad está dentro de nosotros. Hay momentos en que debemos detenernos, mirar hacia adentro, reflexionar y descubrir que el amor de Dios sigue ahí, aun en medio de nuestros errores, nuestras heridas y nuestras luchas. Dios no abandona al ser humano; espera pacientemente que encuentre el camino para levantarse y caminar nuevamente con dignidad.
Dios nos hizo para caminar erguidos, no para permanecer derrotados. Nos hizo a su imagen y semejanza, capaces de amar, de corregir, de aprender y de volver a empezar cuantas veces sea necesario.
Alex Bueno llevó alegría a mucha gente. Hizo cantar a los enamorados, bailar a los pueblos, recordar a los ausentes y celebrar la vida. Esa es una huella que ningún tiempo puede borrar.
Y también nos deja una enseñanza: una enfermedad puede derribar el cuerpo, una crisis puede afectar la mente, un error puede hacernos tropezar, pero lo que no debe morir nunca es la voluntad de levantarnos.
Porque algún día todos volveremos a casa. Para unos será temprano, para otros será tarde. Pero volver a casa no significa solamente partir de este mundo. También significa reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestra familia, con nuestra conciencia y con Dios.
Y cada vez que un ser humano se levanta después de caer, de alguna manera, ya ha comenzado ese regreso.
Mientras llega ese momento, nuestra tarea es seguir navegando. Ajustar las velas. Recuperar el norte. Y descubrir que aun después de la noche más oscura, siempre existe un nuevo amanecer esperando en el horizonte.

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