
Buenos días. Se siente a la presidente encargada de Venezuela como una simple pieza que a su antojo manipula la Casa Blanca. Las evidencias sobran, aunque lo que ocurre con el petróleo, representa uno de los indicadores más demostrativo del actual tutelaje que ejerce Estados Unidos sobre la Patria de Bolívar y Hugo Chávez. Naturalmente, es un asunto de los venezolanos y solo ellos tienen la decisión de aceptar o no lo que para muchos resulta bochornoso y negador de lo que fuera enarbolado a lo largo y ancho de un cuarto de siglo de chavismo. “El giro” hacia la apertura de mercados, la aceptación de condiciones impuestas por corporaciones norteamericanas y la negociación tras bambalinas con el «imperio», en la práctica representan el desmontaje de las tesis de Hugo Chávez recogidas en el Plan de la Patria. Como una aparente forma de sobrevivencia política y de poder, se sacrifica la promovida “pureza ideológica” para permitir que multinacionales controlen parcelas de la operación y comercialización del petróleo, es una contradicción a todas luces negadora del enarbolado principio de «independencia absoluta». Lo que se ve es el mantenimiento de una narrativa para consumo interno mientras en la práctica financiera, se privatizan sectores de facto y se busca el beneplácito de Wall Street y Washington para flexibilizar el estrangulamiento económico. La gran verdad es que la soberanía nacional se ha convertido en una moneda de cambio donde la «presidente encargada», los actores del Gobierno y la propia oposición política, se mueven en un escenario diseñado por el mismo imperialismo tantas veces denunciado y hasta su muerte enfrentando con dignidad y valor por Hugo Chávez. Pero, insistimos, ese es un asunto de los venezolanos.








