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No somos iguales… Al Amanecer

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Buenos días. Es injusto que pretendamos medir con la misma vara a pobres y ricos ante situaciones como las derivadas de la infeliz guerra contra Irán. Aunque se pretenda ignorar y se promueva lo contrario, no vivimos en una sociedad de iguales. Compartimos un mismo espacio, pero no todos los que habitan los 48 mil kilómetros cuadrados conocidos como República Dominicana, tienen las mismas oportunidades y mucho menos reciben lo mismo. Insistir en apariencias, en sofismas perniciosos, solo justifica las desigualdades que, aunque se pretendan ignorar, toman cuerpo y dejan huellas que laceran el derecho de las mayorías a disfrutar de conquistas y oportunidades inculcadas por siempre. El modelo político nuestro es en esencia desigual y no puede aspirar a un comportamiento de iguales, menos ante eventos que generan consecuencias gravosas y disimiles, como las desencadenadas tras la abominable guerra contra Irán. No admite discusión que el modelo político local no solo se permite cargar al pueblo su elevado costo existencial, sino que adolece de viejas debilidades que exclusivamente gravitan en la progresiva desmejora de la calidad de vida de las mayorías, que vive atrapada en sus viejas falencias y faltosa de beneficios tangibles en materia económica y social. Se trata de un modelo probado en su incapacidad de practicar una distribución equitativa de las enormes riquezas que produce el país y que persiste en su indiferencia ante las desigualdades en todos los sentidos. El esquema estructural que le soporta solo favorece reducidos sectores de privilegiados, que fungen como poderosos agentes económicos, concentren y manipulan no solo los beneficios que genera la economía, sino que condicionan las boronas que llegan allá bajo. Por eso amerita una amplia discusión que ante las subidas de precios forzadas por los aumentos del crudo, se nos mida a todos con una misma vara, a pesar de que esa vara discrimina a la hora de elegir dónde se quedan los grandes beneficios que entre todos generamos…