
Buenos días. La forma arbitraria de gobernar del presidente de los Estados Unidos, su inmensa capacidad para provocar conflictos por doquier, para dar manotazos e imponer, para decidir de forma unilateral sin que le importe nadie más, a menos que no se trata de serviles y entreguistas, plantea lo urgente y necesario de repensar la democracia como modelo político. A partir de las arbitrariedades y negación de derechos legales y adquiridos en su propia casa, así como del mandonismo temerario que como regla de juego propaga en su patio trasero y todo el universo, con énfasis en los países con regímenes progresistas, se hace impostergable analizar con frialdad lo que propaga y realmente practica la mentada democracia representativa. Parecería que, a partir del contexto expuesto, la democracia no es más un truco de teatro. ¡Y comprobarlo no requiere de grandes esfuerzos mentales, no si preferiblemente tomamos como referencia a América Latina! Lo poco que funciona es por pedazo, preferiblemente para pequeños grupos, nunca incluye a la gente de allá abajo y por donde quiera que se mire, solo resaltan cosas a media, simples retazos, muchos problemas acumulados, soluciones truncadas, desesperanzas de los marginados, inequidad, demagogia y demagogos, farsantes con trajes de políticos, empresarios y curas… ¡Y naturalmente abundantes privilegios a favor de los dueños y herederos del sistema, que es lo mismo que decir del negocio político! Pero al final, hay que admitir que la democracia es ingeniosa…








