
Poema: Oda heróica a las hermanas Mirabal
Autora: Carmen Natalia Martínez Bonilla
(Carmen Natalia Martínez Bonilla (1917-1976) fue una destacada poetisa, narradora y dramaturga dominicana, considerada una de las voces femeninas más firmes en la literatura y la resistencia política de su país. Desde muy joven se vinculó a la lucha contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, lo que le costó persecuciones y el exilio. Su obra poética, cargada de sensibilidad y de un profundo compromiso social, refleja tanto el amor y la esperanza como la denuncia contra la opresión. Entre sus libros más conocidos se encuentran Alba de mi silencio y El grito del alma, los cuales la consagran como una de las pioneras de la poesía comprometida en la República Dominicana).
ODA HEROICA A LAS HERMANAS MIRABAL
No hubo blancura
igual a su blancura,
nardo, azucena, lirio…
magnolia de su carne,
carne hecha para el beso,
fue pasto de las balas,
las Mirabal cayeron
bajo el plomo cobarde.
No hubo dulzura
igual a su dulzura,
los ríos se crecieron
para llorar por ellas,
palomas con el pecho
florecido en claveles,
las Mirabal cayeron
de cara a las estrellas.
Ayudadme a subirlas
al pedestal de piedra,
donde grava la historia
los nombres de sus mártires,
ayudadme a decir
qué cosa grande hicieron
estas mujeres- cíclopes,
estas mujeres-ángeles.
Allí donde más hondo fue
el dolor de los hombres,
y más honda la herida
sangrante de la tierra,
donde fue más profundo
el surco de las lágrimas,
y más amargo el llanto…
allí bajaron ellas.
Allí donde más alto fue
el grito de combate,
y más enhiesto el puño
frente a las bayonetas,
donde más levantada
fue la frase precisa,
y más erguido el pecho…
allí bajaron ellas.
Allí donde más lejos
llegó la valentía,
y apuró el sacrificio
su retama postrera,
allí donde más lejos
plantara el heroísmo,
su bandera de sangre…
allí bajaron ellas.
El ojo de la bestia
les siguió la pisada,
ojo y plomo a la espalda,
como hacen los cobardes,
la tierra abrió los brazos
para ceñir sus cuerpos,
las Mirabal cayeron
taladas como árboles…
Las manos del verdugo
deshojaron los nardos,
cortaron, como tallos
las lenguas silenciadas,
las estrellas besaron
su carne por vez última,
las Mirabal cayeron
con el plomo a la espalda.
Mas ya el nardo no es nardo,
pues se ha vuelto piedra,
piedra el enhiesto puño.
Piedra la frente alta,
piedra el pecho y los ojos
y la boca sin lengua,
las Mirabal cayeron
para alzarse en estatuas.
Y sus bocas, sin lenguas,
han de seguir hablando,
y sus tres corazones
palpitando en la piedra,
perennemente vivas
en el alma del pueblo,
las Mirabal cayeron
para volverse eternas.
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Coordinación: Mario Crescencio Bulduan









