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El llantén y sus propiedades… Mojiganguiando el sábado

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Mojiganguiando el sábado

Alejandro Espinal

Por Alejandro Espinal

El llantén, conocido científicamente como Plantago major, es una planta que no necesita ser sembrada: brota sola, de la noche a la mañana, en cualquier rincón. Es altamente medicinal y, desde tiempos antiguos, ha sido utilizada para tratar afecciones respiratorias, digestivas y también para curar heridas.

Entre sus propiedades principales destacan su acción antiinflamatoria, antibacteriana y cicatrizante. Resulta útil para aliviar la tos, la bronquitis, la gastritis y las úlceras.

Puede emplearse en forma de infusión, cataplasma, jarabe o extracto líquido.
Del llantén no se desperdicia nada: desde las raíces hasta las hojas y semillas son aprovechables. Además, es tan común que crece incluso al borde del camino.

El mal olor del zorrillo

Tal vez nunca te hayas topado con uno de estos animales, pero su llegada se detecta desde lejos por el terrible hedor que desprende.

En una ocasión, un zorrillo llegó como polizón en un barco mercante al muelle de Santo Domingo. Tuvieron que evacuar la embarcación hasta dar con el responsable, que fue finalmente trasladado al Zoológico Nacional.

El origen de ese olor insoportable es una sustancia química que el animal expulsa cuando se siente amenazado. Dicha sustancia contiene compuestos de azufre.

Aquí, en República Dominicana, tenemos nuestros propios «hiedes vivos», pero de eso hablaremos en otra entrega.

+ Te traiciona un amigo, no un enemigo.

+ “Más bienaventurado es dar que recibir.”
Palabras de Jesucristo, recogidas por Pablo en el libro de Los Hechos 20:35.

Cuentecito:

En una fiesta de adultos —de esas que se conocen como “apaga y vámonos”— había un señor rondando los 90 años que se creía el alma del evento. Hasta los anuncios los bailaba con entusiasmo.

A eso de las tres de la madrugada, detienen la música y la anfitriona reúne a todos para servir una sopa, anunciada como tan milagrosa que “levanta hasta a los muertos”.

El veterano de los noventa no se lo pensó dos veces: se bajó el zíper del pantalón y, abriendo su amplia bragueta, soltó con picardía:—¡Si es verdad que esa sopa revive hasta los muertos, la mía me la echan aquí!

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