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Buenos días. El Río Yaque del Norte se viste con traje de muerte a su paso por Santiago de los Caballeros. Es aquí donde se convierte en un vergonzoso reservorio de agentes contaminantes entre los que destacan desechos químicos e industriales, aguas negras, basura, plásticos, escombros y cadáveres de animales, que dan vida a un espectáculo dantesco que amenaza la existencia de esta la más importante fuente acuífera de República Dominicana. Aunque su contaminación inicia en el municipio de Jarabacoa, es en la Ciudad Corazón donde se le castiga de manera despiadada y donde ha faltado compromiso serio y sostenido en procura de su rescate y preservación. De ahí la atención que acapara el anuncio del Alcalde Ulises Rodríguez respecto a que se desarrollará un plan integral de rescate de tan importante fuente acuífera. La iniciativa es sin duda un gran reto y encarna un compromiso de marca mayor ante Santiago y el país, en lo fundamental por el nivel de los daños y por la alta inversión económica que exige repararlos. Hay que sumar a ese escenario, los intereses de los agentes contaminantes y entre los que destacan industrias, empresas y otras ramas del comercio en general, que deberán ser tocadas y para lo que la Alcaldía necesitará no solo participación y apoyo local, sino la integración sostenida y firme del Gobierno. El Ayuntamiento no puede ser reducido a solo evitar los asentamientos humanos en la ribera del río y a impedir la extracción agresiva e irregular de materiales para la construcción, sino que tendrá que asumir posturas firmes ante la cruel realidad que representa el hecho de que más del 60 por ciento de las empresas ubicadas en las márgenes del rio Yaque del Norte, continúan hoy contaminando y degradando el ecosistema hídrico más importante del país. Entre empresas se identifica a zonas francas, restaurantes, supermercados, clínicas, polleras, procesadoras de alimentos, comida rápida, talleres de mecánica, embutidoras, reposterías, tenerías y negocios que ofrecen mantenimiento de vehículos. Y no hay manera de que el nuevo plan ignore la existencia de unas 30 cañadas que impactan al Yaque con sus altas cargas de contaminación y alrededor de las cuales se levantaron barrios marginados que conforman dominicanos y haitianos, que indiscriminadamente lanzan todo tipo desperdicios a dichas cañadas. Como se puede advertir, lo que el Yaque del Norte exhibe a su paso por Santiago no es más un tétrico cuadro de muerte y en cuyo estado de agonía, se ha mantenido durante décadas. Veremos finalmente la diversidad de planes asumidos y fracasados a través del tiempo, así como el cúmulo de acciones y recomendaciones para su salvación, que fungen como letras muertas…






