Ni siquiera hubo una sola mención para recordar su Día.

Buenos días. Santiago volvió a vestirse de fiesta este 25 de julio. La ciudad conmemoró un nuevo aniversario de su fundación. La Alcaldía organizó sus actos oficiales y la Iglesia Católica dedicó toda una semana de celebraciones a Santiago Apóstol, patrono de la Ciudad Corazón. Todo transcurrió entre discursos, celebraciones y expresiones de orgullo por la historia y la identidad santiaguera, pero hubo una ausencia que debería avergonzarnos. Nadie, ni la Alcaldía tampoco la Iglesia Católica, dedicó una simple mención, tampoco ninguno de los grupos que dicen trabajar por su rescate, al río Yaque del Norte. Todos olvidaron que hace más de treinta años un decreto emitido en 1995 por Joaquín Balaguer, declaró el 25 de julio como Día del Río Yaque del Norte. Sin embargo, ninguna de las instituciones que encabezaron las festividades encontró espacio para una conferencia, un panel, un recorrido educativo o un simple llamado de atención sobre la crítica situación del principal río de la República Dominicana. Ese silencio institucional resulta tan incomprensible como ofensivo. El Yaque del Norte no solo atraviesa Santiago; es parte de su origen, de su desarrollo económico y de su identidad. Pero también es aquí donde recibe la peor parte de las agresiones que hoy amenazan su supervivencia: descargas contaminantes, ocupación de sus márgenes, residuos sólidos y una alarmante indiferencia pública y oficial. ¿Qué sentido tiene exaltar la grandeza de una ciudad mientras se ignora la lenta muerte de la fuente de vida que la hizo posible? ¿Cómo interpretar que sus “defensores” desaprovechen la celebración de su día, aunque sea para emitir una declaración pública que informe acerca del estado actual del río y de sus desafíos inmediatos? Las celebraciones pierden profundidad cuando se desconectan de los desafíos del presente. La memoria histórica no puede convertirse en una excusa para olvidar las responsabilidades de hoy. Si Santiago aspira a honrar verdaderamente su legado, deberá incorporar la defensa del Yaque del Norte como un compromiso permanente. De lo contrario, cada 25 de julio seguirá dejando una dolorosa paradoja: una ciudad celebrando su historia mientras le da la espalda al río que la sostiene.








