
Buenos días. Lo que sigue ocurriendo en la franja de Gaza es indignante, definitivamente aberrante. El mundo en general y determinados países en particular, se permiten que un gorila de nombre Benjamín Netanyahu, naturalmente consentido y amamantado por sus amos, se presuma y actúe como un drácula cualquiiera de los tiempos modermos. Ese genocida de nuevo cuño, infelizmente amamantado por sus dos grandes compinches, Estados Unidos y Europa, a sus anchas se comporta como un exterminador arrogante, desafiante, inhumano y cruel, ¡que hasta se atreve a advertir que con o sin tregua, con o sin sentencia del Tribunal de La Haya, seguirá bombardeando tanto la Franja de Gaza como a otras naciones del medio oriente!. El destripador gorila actúa a sus anchas, con manos sueltas, con insaciable apetito de sangre, no importa si derramada por niños, ancianos, hospitalizados, mujeres indefensas o por civiles hambrientos que nada tienen que ver con los motivos que llevan a este perro de peste a acabar contra quien entienda. Es como si a nadie le importara que ese sujeto haya asesinado ya a más de 60 mil personas, gente desarmada que no tuvo la oportunidad de defenderse. Es como si tantas vidas valieran menos que guayabas podridas. Es como si la ignorancia, el borreguismo infeliz, la manipulación interesada y el viejo apetito de controlarlo todo, sigan haciendo crear a tontos e incautos, que el verdugo actúa bajo el amparo de Dios por aquello de que, todavía hoy, Israel es la tierra prometida. ¡Válgame Dios!








