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Un CDP inútil… Al amanecer

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(Primera parte)

A pesar de que reúne a un conglomerado profesional de gran impacto e influencia en la sociedad dominicana, no se peca al afirmar que el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) es una entidad fallida. Y lo es no porque la Ley 10-91 sea del todo débil, sino porque la mayoría de sus dirigentes, especialmente los reconocidos tres reyes magos del marcelinismo, a lo largo de casi 30 años lo han reducido a un instrumento inútil que reniega de sus propósitos y solo sirve a sus fines personales y de grupo. De ahí que el CDP hoy no represente nada ni a nadie, reniegue de los objetivos que le dieron origen y se permita su auto violación legal, como en lo concerniente al pago del impuesto a la publicidad, entre otras acciones pecaminosas. Penoso es que haya sido empujado a convertirse en un instrumento que no representa a los periodistas, al ejercicio digno del periodismo, al que nadie hace caso y que se tradujera a una presa manipulada por gente sin gerencia ni visión, que lo usan como un medio de vida y de oportunidades. La trilogía que domina al CDP, ampliamente concida por todos, es sinónimo de pobreza espiritual, encarna una irrefutable expresión de atraso, es un revés pecaminoso que se mide en las debilidades institucionales, en el vergonsozo espectáculo de su edificio, en su reducción a tareas ordinarias y de poco impacto para los periodistas, el ejercicio del periodismo y la sociedad en sentido general. Y no se trata de tremendismos ni fanatismo enfermizo, como pudieran alegar algunos, sino de la observación objetiva, rigurosa y crítica de lo que ha acontecido por décadas en el malogrado CDP, responsabilidad exclusiva de esa dinastía inútil que encarna la trilogía del marcelinismo en el CDP. Esos dinosaurios oportunistas, por ejemplo, no han logrado capear la enfermedad que ha hecho trizas los propósitos de lograr una mejoría estratégica de la ley de colegiación, de modo que establezca  regulaciones y controles tanto para el ejercicio del periodismo como para la difusión de contenidos a través de los medios de comunicación, pero tampoco en la representación y defensa de los periodistas. De ahí que sea correcto profundizar la crisis que afecta a ese marcelinismo gastado, sin rumbo, acostumbrado a las manipulaciones de todo género y que se descalificó para seguir desgastando lo poco que queda del inútil CDP. Volveremos…