Por Leonardo Cabrera Diaz
Te prometo que esta vez seré breve,
quizás, un poco menos que conciso.
Te ruego, por favor, que no te alteres,
solo intentaré ser preciso.
Serán pocas mis palabras,
no daré más vueltas al asunto.
No pretendo que abras las puertas de tu corazón por mí; no de nuevo. Aunque anhelo tenerte y recuperar el tiempo perdido, entiendo que sería intentar darle vida a un amor que ya yace difunto.
Tan solo quiero que recuerdes
que, a pesar de mis innumerables defectos,
de mis sombras, mis mañas y mentiras…
a pesar de mi arrogancia y mi orgullo inquebrantable,
sigo siendo el hombre que te ama.
Y aunque tú ya no seas de mí,
yo seguiré siendo, eternamente, tuyo.
Y por último, decirte:
que es el tizón el que se quema y se vuelve carbón en el fogón, y no quien lo atiza y lo sopla solo para verlo arder hasta que se extingue.
Con Dios siempre, a sus pies.








