
La política, en su esencia, debería ser el arte de gobernar para el bienestar colectivo, una tarea que exige una conexión inquebrantable con la realidad social. Sin embargo, en la República Dominicana, la distancia entre el discurso gubernamental y la experiencia tangible del ciudadano común parece ampliarse día a día. El programa “La Semanal” del presidente Luis Abinader, concebido quizás para proyectar una imagen de gestión efectiva, se ha transformado en un escaparate de quimeras que choca frontalmente con la efervescencia social que se palpa en las calles.
La reciente polémica entre el presidente Abinader y el expresidente Leonel Fernández en torno al “Pollo Index” es un reflejo de esta desconexión. Mientras Abinader defiende la mejora del poder adquisitivo argumentando una reducción de la subalimentación del 8.7% al 3.6% en 2025, y un aumento significativo del salario mínimo no sectorizado de RD$9,900 en 2012 a RD$27,988 en 2025, la realidad de los precios de los alimentos pinta un panorama menos halagüeño.
Leonel Fernández, desestimó la invitación de Abinader a debatir en la sede de la FAO en Roma, afirmando que para constatar que el pollo ha alcanzado precios históricos de RD$125 la libra, basta con visitar Moca o Licey al Medio y preguntar a los productores. Esta cifra, según Fernández, representa un aumento de hasta el 140% desde 2012, cuando la libra costaba entre RD$35 y RD$40. Incluso el director de Pro Consumidor, Eddy Alcántara, aunque refutó la cifra de RD$125 como promedio, reconoció que los precios de calle oscilan entre RD$90 y RD$110 en diversas zonas. La denuncia de Fernández sobre que las familias se ven obligadas a consumir «cocote, molleja, pata y asadura» del pollo subraya la grave erosión del poder adquisitivo.
A pesar de que el Banco Central de la República Dominicana ha mantenido la inflación interanual dentro de su rango meta de 4.0% durante 26 a 27 meses, y se posiciona entre las economías no dolarizadas de América Latina con menor inflación, la brecha entre los indicadores macroeconómicos y la cotidianidad es abismal. Los datos del BCRD muestran que, a abril de 2025, la inflación interanual para los hogares de menores ingresos fue del 3.9%, mientras que para los de mayores ingresos fue del 3.6%. Esta disparidad es crítica: los hogares más pobres destinan una mayor proporción de sus ingresos a alimentos y necesidades básicas, cuyos precios se incrementan más rápidamente. El costo de la canasta familiar nacional se situó en RD$46,716.79 en marzo de 2025, triplicando el salario promedio y forzando a las familias a reducir la cantidad de comidas diarias.
La alta sensibilidad del presidente Abinader a las críticas sobre el “Pollo Index” contrasta con la persistente crisis de los apagones eléctricos. Estos cortes de energía, que en agosto de 2025 provocaron protestas con quema de neumáticos en Sabana Grande de Boyá y Pantoja, y que superan las 12 horas diarias en algunas zonas, no son un mero inconveniente. Son, como señaló Leonel Fernández, un problema financiero derivado de la falta de pago a los generadores eléctricos, agravado por las altas temperaturas del verano. Este descontento generalizado se suma al incremento en el costo de vida, medicinas y otros bienes esenciales, generando desesperación y afectando la salud mental de la población.
La era de las redes sociales permite que la información fluya sin tregua, haciendo cada vez más difícil sostener un discurso de bienestar ajeno a la experiencia colectiva. Un gobierno que busca la legitimidad y la confianza debe trascender el sofisma semanal y atender la realidad cruda de los precios, la energía y las necesidades básicas de su gente, pues su deber es con el país, no con un círculo restringido de burócratas.








