
Buenos días. Es mucho lo que se ha dicho en torno al abominable caso Senasa, pero hay la justificada sospecha de que es más lo que falta por descubrir. Más, porque no se trata de un entramado cualquiera, más, porque detrás de esa acción inhumana, vil y criminal, se esconden actores que operaron tras las cortinas, hasta quienes aún no se ha llegado. Gentes desalmadas, nuevos modelos de criminales, lobos insaciables, destripadores sin sentimientos, desperdicios humanos que en armonía con los hasta ahora puestos en evidencia, en conjunto crearon, estructuraron y echaron a andar, una estructura mafiosa sin parangón, solo comparable con una manada de Dráculas tras las que se ocultan clínicas, médicos, funcionarios, militares y demás, que el pueblo tiene derecho a conocer. Por mayor esfuerzo que se haga en aras de entender el salvajismo actuante en el caso, nada es menor a nada, puesto que cada acción es peor a la anterior. Saber que esas ratas excluyeron, simplemente cortaron el tratamiento a 1,350 niños autistas, bajo el alegato de que no había recursos, que facturaron una y otra vez procedimientos quirúrgicos que nunca hicieron, igual estudios, cateterismos, tomografías fantasmas, no solo a seres vivos sino también a fallecidos, que vendieron vacunas que les habían sido donadas y, peor, que negaron atenciones y servicios a personas con cáncer, diabéticos, a niños y envejecientes, es suficiente para que nos evitemos los procedimientos judiciales, en los que muchos no creen, y simplemente envíemos al infierno a esas escorias inmundas. Se robaron el dinero de la salud de los que menos tienen y pueden, cometieron un atentado directo contra uno de los derechos fundamentales de las personas, motorizaron una acción criminal para tomar el dinero del seguro de Salud de los más pobres y provocaron pérdidas incuantificables de vidas humanas, mientras daban riendas sueltas a sus apetencias desenfrenadas y crueles. La gravedad del caso obliga a cuestionarlo todo y a todos. Incluso, a dilucidar si este robo descomunal, se cometió contra el Estado o el Gobierno, porque sencillamente las víctimas directas tienen nombren y rostros que solo identifican a los de allá abajo. Por eso ese pueblo debe estar atento, vigilante y dispuesto a frenar, enfrentar, cualquier vagabundería que, para proteger a amigos y aliados, se pretenda legitimar desde los tribunales…








