
Buenos días. En honor a la verdad, el debate persistente respecto a que, si sobrevivirá o no la cesantía en el marco de la reforma laboral, se ha convertido en algo que ya cansa y molesta. Es la constante que en los últimos tres años tiene vigencia asegurada en las primeras planas de los diarios. Los voceros de los gremios, por un lado, que denuncian negativas, planes, conspiración entre empresarios y legisladores para borrar del código la figura de la cesantía laboral como la conocemos hoy y, en la acera del frente, empresarios y congresistas que dan su versión y reiteran su intención de introducir modificaciones sustanciales a esa importante prerrogativa que beneficia a los que venden su fuerza de trabajo. En medio del deprimente espectáculo, sobresale la falta de carácter de instituciones del Estado de tanta envergadura como el Congreso Nacional, mientras la incredulidad entre los actores enfrentados, sencillamente campea ofreciendo un espectáculo que harta y aborrece. ¿Cómo es posible que nadie crea ni confíe en nadie? A estas alturas del juego debieran existir garantías acerca de lo que finalmente pasará o no en torno al tema, solo que ya es costumbre predilecta decir cosas por salir del paso o asegurar que se procederá de tal forma, pero al final, por conveniencia política o de cualquier otra índole, se procede de manera diferente. Como ocurrió con las tres causales. Eso sí, raya en el abuso que mientras se presiona para cercenar una de las pocas conquistas de los trabajadores dominicanos, el patrón, acostumbrado a vivir pegado de la teta oficial, figure entre los que, mayoritariamente, no pagan el ITBIS ni el impuesto sobre la renta, mientras solo este año, reciben en ruidosas y excluyentes exenciones cerca del 5 por ciento del PIB. ¡Todos los cuartos del mundo a cambio de cosas que el domincano no siente ni ve…!








