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RD: Soberanía violada… Al amanecer

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Buenos días. Los dominicanos tenemos incuestionable derecho a conocer los alcances de la concesión que hiciera el Gobierno a las autoridades norteamericanas, autorizándoles a usar nuestro espacio aéreo y, en específico, los aeropuertos de San Isidro y de Las Américas, en su cuestionada lucha contra el narcotráfico en el Caribe. No se nos puede regatear el derecho a saber, a conocer en detalle, las implicaciones actuales y futuras que pudieran derivarse de la controversial decisión, mucho menos excluirnos de una postura que compromete nuestra innegociable soberanía. Estamos ante una afrenta que groseramente viola sagrados preceptos de nuestra Constitución, además de que vulnera la autoridad soberana del pueblo dominicano, ignora las atribuciones del propio Congreso Nacional y desafía convenios internacionales de los que, como nación, somos signatarios. ¿Dónde terminan los límites de esa unilateral e insólita decisión? ¿Qué garantía tienen los dominicanos de que una vez “concluida” la supuesta lucha contra el narcotráfico, cesen en lo inmediato tan sospechosas concesiones? Negar esos derechos, es sinónimo de permitir que se alimenten conjeturas y se apresuren conclusiones, a partir del convulsionado contexto regional provocado y, muy particularmente, de la incómoda situación por la que atraviesan Gobierno y partido oficial ante la cuestionada participación de gente suya en el mil veces despreciable negocio del narcotráfico. Independientemente de las diferencias que cada quien, en las esferas oficiales y personales, pueda tener con Nicolás Maduro y su régimen, igual con cualquier otro mandatario del hemisferio, bajo ninguna circunstancia nuestro suelo patrio debe convertirse en instrumento servil desde donde se originen agresiones contra Venezuela o cualquier otra nación y pueblo hermano. Al contrario, desde aquí debe alimentarse que prevalezca la vía pacífica, el recurso del diálogo y el principio de no intervención por encima de cualquier acto que socave la soberanía y desconozca el derecho a la autodeterminación de cada quien. No nos queda a los dominicanos colocarnos el traje del servilismo incondicional, reducirnos a una miserable quinta columna, menos cuando a quien se le sirve, es precisamente el causante de dos intervenciones azarosas en un mismo siglo que, además de inculcar derechos soberanos, violaron nuestra soberanía y provocaron trastornos cuyas consecuencias, aún padecidas hoy, lesionaron el desarrollo del futuro económico y político de nuestro país. Como dominicanos, nos sobrará dignidad siempre para rechazar que nuestro territorio sea convertido en plataforma armada para agredir a otras naciones hermanas que resultan incomodas porque no se pliegan a propósitos e intereses de terceros, no importa cómo se llamen…