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Raúl Castro en la mira: vieja obsesión imperialista contra Cuba

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Raúl Castro
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Cada cierto tiempo, cuando la política exterior de Estados Unidos necesita fabricar un enemigo o justificar nuevas medidas de agresión contra Cuba, reaparece un episodio del pasado cuidadosamente seleccionado y convenientemente manipulado. Hoy, la administración de Donald Trump vuelve a desempolvar los acontecimientos de 1996 relacionados con el derribo de las avionetas de la organización “Hermanos al Rescate”, intentando convertir un hecho vinculado a la defensa de la soberanía cubana en una supuesta prueba criminal contra la dirección histórica de la Revolución.

No se trata de una búsqueda de justicia. Mucho menos de una preocupación sincera por la verdad histórica. Se trata de una operación política encaminada a demonizar a Cuba, criminalizar a sus dirigentes y preparar las condiciones para una escalada aún más peligrosa de hostilidad contra la isla.

Los hechos son conocidos. Durante años, diversas aeronaves procedentes del sur de la Florida realizaron incursiones ilegales en el espacio aéreo cubano. No eran vuelos inocentes ni acciones humanitarias desinteresadas. Muchas de estas operaciones constituían provocaciones deliberadas dirigidas a desafiar la autoridad del Estado cubano, vulnerar su soberanía y crear incidentes internacionales.

El gobierno de Cuba denunció reiteradamente estas violaciones ante organismos internacionales y notificó en múltiples ocasiones a las autoridades estadounidenses sobre el peligro que representaban esas acciones. Las advertencias fueron ignoradas. Las provocaciones continuaron.

Frente a esa realidad, Cuba actuó exactamente como actuaría cualquier nación soberana del planeta.

Cualquier Estado, incluyendo a los propios Estados Unidos, habría respondido con firmeza ante aeronaves que penetraran reiteradamente su espacio aéreo, desobedecieran instrucciones de identificación y participaran en operaciones hostiles contra la seguridad nacional.

La historia contemporánea está llena de ejemplos en los que Washington ha utilizado la fuerza militar para responder a amenazas mucho menores que las enfrentadas por Cuba durante décadas.

Por eso resulta profundamente hipócrita que quienes justifican bombardeos preventivos, invasiones, asesinatos selectivos y operaciones militares en cualquier rincón del planeta pretendan ahora presentar como un crimen la defensa del espacio aéreo cubano.

La verdadera cuestión no es jurídica. Es política.

Lo que está en juego no es un incidente ocurrido hace treinta años. Lo que está en juego es el intento de reescribir la historia para desacreditar a la Revolución Cubana y atacar a uno de sus símbolos vivos más importantes: el general de ejército Raúl Castro Ruz.

A sus 94 años, Raúl Castro representa una parte esencial de la memoria histórica de Cuba. Combatiente de la Sierra Maestra, protagonista de la lucha revolucionaria y defensor de la soberanía nacional frente a innumerables agresiones externas, su figura encarna la continuidad de un proceso político que ha resistido invasiones, terrorismo, sabotajes, bloqueos económicos y campañas permanentes de desinformación.

Por esa razón se convierte en objetivo.

La ofensiva mediática y política contra Raúl Castro no busca esclarecer hechos. Busca desacreditar la legitimidad histórica de la Revolución y enviar un mensaje de intimidación a quienes continúan defendiendo el derecho de Cuba a decidir su propio destino.

Se trata de la misma lógica imperialista que durante más de seis décadas ha intentado rendir por hambre al pueblo cubano mediante un bloqueo económico condenado reiteradamente por la comunidad internacional.

Es la misma lógica que financió operaciones encubiertas, promovió atentados terroristas y respaldó numerosos intentos de desestabilización contra la isla.

La diferencia es que hoy esas acciones aparecen envueltas en el lenguaje de los derechos humanos, la justicia internacional o la lucha contra la impunidad. Pero detrás del discurso permanece intacto el viejo objetivo: quebrar la resistencia cubana.

La contradicción resulta aún más evidente cuando observamos la conducta internacional de Washington.

La administración Trump habla de paz mientras incrementa la presión sobre países soberanos. Habla de diálogo mientras mantiene sanciones económicas que afectan a millones de personas. Habla de estabilidad internacional mientras conserva una política de cerco y asfixia contra Cuba.

Ahora pretende utilizar un episodio de 1996 como herramienta para legitimar nuevas agresiones políticas y diplomáticas.

Pero los pueblos tienen memoria.

Cuba no es simplemente un territorio bajo disputa geopolítica. Es una nación que ha construido una identidad profundamente ligada a la defensa de su independencia. Cada agresión externa ha fortalecido históricamente el sentimiento de unidad nacional y la convicción de que la soberanía no es negociable.

Quienes creen que el hostigamiento judicial, las amenazas o las campañas de demonización lograrán doblegar al pueblo cubano desconocen las lecciones fundamentales de la historia.

Durante más de seis décadas, la Revolución ha enfrentado escenarios mucho más difíciles. Ha resistido bloqueos, aislamiento diplomático, crisis económicas e innumerables operaciones de desestabilización. Y, sin embargo, Cuba continúa existiendo como nación soberana.

Por eso la ofensiva actual contra Raúl Castro trasciende a una persona.

Es un ataque contra la memoria histórica de la Revolución.

Es un intento de criminalizar la resistencia de un pueblo que decidió no someterse.

Es una nueva expresión de la arrogancia imperialista que continúa creyendo que puede decidir quién tiene derecho a existir, quién puede gobernar y quién debe ser castigado por defender su independencia.

La respuesta, como tantas veces en la historia de Cuba, seguirá siendo la misma: dignidad,resistencia y soberanía.

Porque los imperios pasan.Los pueblos permanecen. Decia Antonio Machado,conocido en Cuba como “El Titan de Bronce”, que quien intentara “apoderarse de Cuba,solo recogería el polvo de su suelo anegado en sangre,si no perece en la lucha”.

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