Por Ramón de Luna
Suponemos que el silencio que mantienen las inteligencias de la Federación Rusa y la del Gobierno comunista de China, es porque están siguiendo con la suficiente calma los aparatosos movimientos guerreristas del gobierno de los Estados Unidos en lo que se refiere a América Latina y la región del Caribe.
Son unos movimientos sospechosos que llegan a la parafernalia, pues ese despliegue de lo más poderosos de su armada, no solo es el anunciado intento del rescate de la mayor isla caribeña que lleva a uno a pensar que los intentos finales de USA van mas allá, es como si el imperio quisiera advertirles a las demás potencias que no transigirá con nadie por su aviesa incidencia en el patio trasero Latinoamericano.
Solo hay que escuchar la permanente amenaza del mandamás de la Casa Blanca: “Ahora quiero a Cuba, después serán Nicaragua, Venezuela y hasta Colombia…” No menciona a otras naciones porque tal vez la considera a fines a sus apetititos imperiales.
O, es que China se considera satisfecha con la futura reconquista de Taiwán, o tal vez Bladimir Putin se conforme con seguir siendo el mandamás de los lares ucranianos. Lo cierto es que se percibe como un silencio conformista al dejar hacer a su voluntad que el emperador del Norte se considere el nuevo Gengis Kahn.
Pobre América Latina haber tenido la mala suerte de un vecino tan rapaz; de haber dejado en saco roto los sabios conejos del Gran Simón Bolívar de una América Latina un Caribe, quienes hoy fueran la más formidable potencia del llamado Nuevo Mundo.








