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¿Negocio o qué?… Al amanecer

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Buenos días. A los de mi generación se les hace fácil observar el crecimiento exponencial que los puntos de drogas, las bancas de apuestas y las sectas religiosas, han experimentado en República Dominicana en las últimas décadas. El impacto de cada uno de esos elementos es tan fuerte y determinante, que por separado ameritan se le dedique un abordaje aparte, naturalmente sin que signifique que no tengan vínculos entre sí. ¿Será que detrás de estos hay intereses ocultos con fines ideológicos? Cualesquiera que sean las razones, lo cierto es que lucen como fenómenos pensados, financiados, promovidos y multiplicados, más que todo en América Latina, en procura de un propósito fundamental, entretener, controlar, manipular al ciudadano común para que no viva, ni piense, muchos menos actúe a partir de la realidad en que sobrevive. De hecho, el desbordado crecimiento, por ejemplo, de las iglesias y sectas religiosas en estas tierras morenas, comienza a cobrar cuerpo a partir de la efervescencia que los movimientos progresistas experimentaban en el área a principiios de la década del 60. ¿Pero, acaso fue algo fortuito? Claro que no. Órganos de la inteligencia norteamericana destinaron millonarios recursos para el fomento “de la fe” como recurso de contención al despertar político. ¿De dónde salen los cuartos que hecho posible la multiplicación de sofisticadas iglesias? ¿Es del diezmo? ¿Es de las contribuciones de los hermanos? Evidentemente que no.  Solo hay que poner caso a lo que revelara hace poco Feliciano Lacen, el presidente Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (Codue), respecto a que “unas 6,000 iglesias a nivel nacional no están bajo la cobertura jurídica y que el 40 % de las iglesias evangélicas opera sin supervisión de un concilio. ¿Qué hay detrás de semejante explosión de fe? Luce que mucho más de lo aparente.

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