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Lo que necesita el Yaque… Al Amanacer

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Cuarta entrega de la serie especial por el Día del Río Yaque del Norte

Buenos días. Este 25 de julio se cumplen tres décadas de que el Decreto No. 172-95 declarara la fecha como «Día del Río Yaque del Norte”, un gesto simbólico pensado para concentrar la atención del país sobre su principal fuente hídrica. No solo en esta oportunidad, De Ahora ha tratado la realidad del Yaque y dedicado series con la intención de generar conciencia, llamar la atención acerca del peligro de perder el más importante de los ríos del pais. En esta oportunidad hemos hecho un recorrido con datos, comparaciones internacionales y planes truncados que mantienen enfermo al Yaque, muy a pesar de treinta años de decretos, comisiones y anuncios. Queda claro que no hace falta un nuevo estudio para diagnosticar el problema puesto que los datos técnicos disponibles muestran con precisión qué parámetros se disparan cuando el río atraviesa Santiago, qué arroyos y cañadas concentran la mayor carga contaminante y cuánta basura sólida queda sin recoger cada día en la ciudad. Tampoco hace falta inventar soluciones: casos como el Támesis, el Rin y otros, demostraron que un río urbano gravemente contaminado puede recuperarse, siempre que exista una inversión sostenida por décadas y una autoridad única que centralice el proceso. La pregunta que este 25 de julio debe hacerse en voz alta es si tiene sentido celebrar un aniversario cuando los resultados golpean en el rostro y dejan claro que el principal problema del Yaque no es técnico, sino de gobernanza y rendición de cuentas. Sencillamente se repiten las promesas incompletas, se insiste en la dispersión de esfuerzos y perdura la resistencia a aceptar que tiene que existir un solo plan y una sola autoridad rectora que concentre fondos y programas, siguiendo el modelo de centralización que ha dado resultado en otros países. El Yaque del Norte lleva treinta años recibiendo un día de homenaje oficial. Pero lo que necesita, en cambio, son treinta años de continuidad real en su rescate, como los que tuvieron los ríos que sí lograron recuperarse en otras partes del mundo. Esa es la diferencia entre celebrar un río y salvarlo.

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