Buenos días. Las lluvias de los últimos días ponen otra vez de relieve los viejos problemas que tenemos como país, en cuanto al sistema pluvial y, al mismo tiempo, al peligro que asecha a cientos de miles de dominicanos que habitan en zonas de alto riesgo. Desde la noche del pasado martes, la vaguada que incide en el territorio nacional, pero con mayor énfasis en el Gran Santo Domingo, provoca precipitaciones de grandes proporciones que arrastran inundaciones, desplazamientos, algunas muertes, pérdidas de materiales y la suspensión de docencia en los dos últimos días. El cuadro se repite y nos enrostra las viejas debilidades, que cobran cuerpo de realidad esporádicamente. De un lado, están las constantes inundaciones en los grandes centros urbanos, con sus consabidas consecuencias, que se atribuyen a la inexistencia de sistemas pluviales en la casi totalidad de estos y, del otro lado, las crecidas de ríos, cañadas y arroyos que suelen cobrar vidas y obligan a desalojos forzosos. De ambas debilidades solo nos acordamos cuando los fenómenos meteorológicos vuelven a sacudirnos, mientras las autoridades nacionales y locales siguen sin planes para dar respuestas satisfactorias al problema. Y hasta se llega a creer que los políticos en el ejercicio del poder, no dan importancia a las inversiones en sistemas pluviales y cloacales porque no son obras a las que se les pueda sacar electorales. Por eso no se avanza y los temores siguen conviviendo con cientos de miles de criollos, a quienes la deplorable situación económica en la que sobreviven, les obliga a permanecer en áreas de alta vulnerabilidad. El país sigue sin drenaje adecuado, sin alcantarillado y con viejos sistemas que colapsan con una pisca de lluvias, convirtiendo las ciudades en mares de campo abierto. ¡Y los temores no dejan de ser los mismos a pesar del paso de los tiempos…!








