
En la alta política, las victorias no solo se construyen con carisma, sino con una lectura estratégica de las condiciones estructurales que definen el tablero electoral. Mientras que las bases suelen enfocarse en la efervescencia del momento, los equipos estratégicos comprenden que los procesos electorales sirven tanto para ganar cargos como para posicionar a la organización de cara al futuro. Para Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo (FP), el escenario hacia 2028 presenta una serie de condiciones objetivas que parecen pavimentar el camino hacia el retorno al poder.
La primera condición fundamental es el impedimento constitucional del presidente Luis Abinader, quien, al no poder presentarse de nuevo, deja un vacío de liderazgo en el oficialismo. Para nadie es un secreto que los presidentes candidatos independientemente de la efectividad de su gestión gubernamental, tienen como ventaja, que se convierten en un vehículo eficaz para que los funcionarios en su afán de perpetuarse en los puestos, hagan uso abusivo de los recursos del Estado para imponerse en los procesos electorales.
Mientras el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) enfrentan la incertidumbre de procesos internos potencialmente conflictivos con múltiples aspirantes, la Fuerza del Pueblo tiene su candidatura definida en torno a la figura de Fernández. Esta cohesión temprana permite a la organización concentrar sus recursos en la estrategia externa mientras sus rivales se desgastan en la lucha por la nominación.
Desde una perspectiva organizacional, la FP ha demostrado un crecimiento extraordinario, consolidándose como la segunda fuerza política del país y posiblemente la primera. El éxito de pasar de un 8.9% en 2020 a ser el principal partido de oposición en 2025 sugiere una tendencia estructural de ascenso que los estrategas buscan sostener mediante un plan de acciones constantes en las calles y el fortalecimiento de la estructura territorial.
El contexto socioeconómico también actúa como un catalizador objetivo. El desgaste del gobierno actual, marcado por preocupaciones ciudadanas sobre el alto costo de la vida, la inseguridad y escándalos de corrupción, vuelve a conectar el discurso de estabilidad y experiencia de Estado de Fernández con sectores que anhelan gobernabilidad probada. Ante un panorama de incertidumbre, los electores suelen buscar refugio en liderazgos que ya han transformado el Estado anteriormente.
Sin embargo, la estrategia para 2028 no solo se limita a la figura del expresidente; incluye un componente de posicionamiento generacional clave: Omar Fernández. El ascenso meteórico del senador del Distrito Nacional permite a la organización conectar con el voto joven y femenino, reduciendo la tasa de rechazo histórica de los líderes tradicionales y proyectando una imagen de renovación combinada con experiencia.
Omar Fernández se convierte entonces, en el vehículo idóneo para darle a conocer a esa generación que no vivió de forma conciente por su reducida edad, la extraordinaria transformación socioeconómica que experimentó la República Dominicana bajo el mandato de su padre, que en 1996 recibió un país con un PIB de US$18 mil millones de dólares y lo entregó en 2012 en casi US$70 mil millones, periodos en que vimos montes convertirse en poblaciones, campos en ciudades, ciudades en metrópolis y un país que salió del anonimato internacional.
En definitiva, la vuelta al poder de Leonel Fernández no depende de un capricho político, sino de la ejecución de un plan estratégico que aproveche la coyuntura del oficialismo, la solidez de una estructura partidaria en crecimiento y una narrativa que ofrezca soluciones a las necesidades del presente con la sensatez del pasado. La competencia actual es, en esencia, un ejercicio de coordinación estratégica para asegurar que cuando se abran las urnas en 2028, las condiciones objetivas se traduzcan en un resultado electoral favorable.








