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La República Dominicana que está dejando de nacer

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Un desafío silencioso que podría transformar la economía, el mercado laboral y la sociedad dominicana en las próximas décadas.

Durante gran parte de nuestra historia, la República Dominicana fue un país preocupado por el rápido crecimiento de su población. Escuelas, hospitales, viviendas, empleos y servicios públicos debían expandirse para atender a una cantidad cada vez mayor de ciudadanos. Hoy, sin embargo, comienza a manifestarse una realidad distinta y mucho menos discutida: cada vez nacen menos dominicanos.

No se trata de una impresión ni de una tendencia pasajera. Los datos muestran una reducción sostenida de la fecundidad. La tasa global de fecundidad, es decir, el número promedio de hijos por mujer, ha venido descendiendo de forma constante durante las últimas décadas y se acerca al nivel de reemplazo poblacional. La Oficina Nacional de Estadística proyecta que esta tasa continúe disminuyendo en los próximos años. (Oficina Nacional de Estadística (ONE))

A primera vista, el fenómeno podría parecer positivo. Menos embarazos adolescentes, mayor acceso de las mujeres a la educación superior, incorporación al mercado laboral y una planificación familiar más efectiva son, sin duda, avances sociales importantes. Sin embargo, toda transformación demográfica genera consecuencias que deben ser comprendidas con anticipación.

La pregunta es sencilla: ¿está preparada la República Dominicana para una sociedad donde nacen menos niños y viven más adultos mayores?

La respuesta, al menos por ahora, parece ser no.

Mientras disminuye la fecundidad, aumenta la esperanza de vida. Los dominicanos viven más años que hace una generación y las proyecciones oficiales indican que esa tendencia continuará. (Oficina Nacional de Estadística (ONE))

Este cambio altera progresivamente la estructura de la población. Habrá menos niños, menos jóvenes entrando al mercado laboral y una proporción cada vez mayor de personas en edades avanzadas. Lo que hoy parece un asunto estadístico terminará impactando la economía, la seguridad social, el sistema sanitario y las finanzas públicas.

Las naciones desarrolladas conocen bien este fenómeno. Japón, Italia, España, Corea del Sur y buena parte de Europa enfrentan dificultades para sostener sus sistemas de pensiones debido a que cada vez existen menos trabajadores financiando a una población envejecida. América Latina avanza en la misma dirección, aunque con ritmos diferentes. (ONU República Dominicana)

La República Dominicana todavía conserva una ventaja importante: sigue siendo un país relativamente joven. El Fondo de Población de las Naciones Unidas ha señalado que el país mantiene una fecundidad superior al nivel de reemplazo y aún dispone de un bono demográfico favorable. (UNFPA-Dominican Republic)

Pero precisamente por eso el momento para actuar es ahora.

Las grandes transformaciones demográficas no ocurren de un año para otro. Se desarrollan lentamente, casi sin llamar la atención, hasta que sus efectos se vuelven evidentes. Cuando un país descubre que tiene escasez de mano de obra joven o que sus sistemas de pensiones resultan financieramente insostenibles, generalmente ya es demasiado tarde para reaccionar con rapidez.

Además, detrás de la reducción de los nacimientos existen factores económicos que merecen atención. El costo de la vivienda, la incertidumbre laboral, el aumento del costo de vida y las dificultades para conciliar trabajo y familia influyen cada vez más en las decisiones reproductivas de las nuevas generaciones. El propio UNFPA ha advertido que en muchos países las personas están teniendo menos hijos de los que realmente desean debido a limitaciones económicas y sociales. (UNFPA-Dominican Republic)

Este aspecto resulta particularmente relevante para la República Dominicana. Si las parejas reducen voluntariamente el número de hijos, estamos ante una transformación cultural. Pero si lo hacen porque las condiciones económicas les impiden formar la familia que desean, entonces estamos ante un problema de política pública.

Por eso el debate no debería centrarse únicamente en cuántos nacimientos ocurren cada año. La verdadera discusión debe ser cómo preparar al país para una nueva realidad demográfica.

Necesitaremos sistemas de salud adaptados a una población más envejecida. Necesitaremos fortalecer la productividad para compensar una eventual reducción relativa de trabajadores jóvenes. Necesitaremos revisar la sostenibilidad de los sistemas de protección social. Y necesitaremos discutir seriamente qué tipo de país queremos construir para las próximas generaciones.

Mientras la política se consume en las urgencias del día a día, la demografía sigue avanzando silenciosamente.

Y la historia demuestra que pocas fuerzas son tan poderosas como los cambios demográficos.

Porque los gobiernos cambian, las políticas cambian y las economías atraviesan ciclos. Pero cuando una sociedad modifica su estructura poblacional, las consecuencias pueden sentirse durante medio siglo.

La República Dominicana todavía tiene tiempo para prepararse.

La pregunta es si comenzaremos a discutir este desafío ahora, cuando aún podemos anticiparnos, o si esperaremos a que la realidad nos obligue a hacerlo.

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