
Buenos días. República Dominicana conmemora este 30 de mayo el ajusticiamiento de uno de los dictadores más crueles y sanguinario de toda América Latina, el sátrapa Rafael Leónidas Trujillo, quien gobernara el país a base sangre y terror desde 1930 hasta 1961. El funesto personaje instauró un rígido control del Estado y convirtió a este en una suerte de patrimonio personal, que descansara en una fuerte centralización monopólica y abusiva, no solo de las pertenencias, bienes y propiedades del país, sino de naturaleza privada. Su temido régimen dictatorial se caracterizó por la persecución, encarcelamiento, tortura brutal y asesinato salvaje de toda persona que expresa o insinuara que no comulgaba con sus atrocidades y desmedidos abusos. Trujillo asesinó a miles de dominicanos, patrocinó matanzas de haitianos y se involucró en atentados y conspiraciones contra otros mandatarios latinoamericanos, por el solo hecho de que fueron críticos de la oprobiosa dictadura que personalizara a lo largo de tres décadas. De ahí que haya motivo este día para celebrar su muerte y junto a ella, la desaparición del ambiente de terror a que fueran sometidos los dominicanos. El reconocimiento merecido para quienes tuvieron la valentía de llevar acabo su necesario y plausible asesinato, justo un día como hoy.








