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José Parra: poeta y pintor… Mojiganguiando el sábado

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José Parra
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Por Alejandro Espinal F.

Alejandro Espinal

Lo conocí siendo un adolescente, como yo, en la escuela Sergio Hernández de Tamboril. En ese entonces se llamaba José Agustín Rodríguez, conocido cariñosamente como “Chichi el Ágil”, apodo ganado por la rapidez y destreza con que jugaba voleibol y baloncesto.

José siempre fue un ser único y extraordinario. Hijo de un oficial de la Policía Nacional, su infancia estuvo marcada por los constantes traslados propios del servicio: nació en Tenares, se crió en Tamboril y hoy reside en Santiago. Fue uno de mis amigos más entrañables en la escuela primaria y secundaria.

Hoy, José Parra es un pintor nacional consagrado, orgullo de todos los tamborileños.

Su pintura tiene alma de poeta —no es casualidad: cuenta con un centenar de poemas—. Cada lienzo suyo es una transcripción emocional, un diálogo íntimo entre el sentimiento y el color, capaz de tocar fibras profundas.

Para los críticos de arte, y especialmente para los amantes de las artes plásticas, José Parra es un fenómeno que merece atención. No todo pintor se atreve a empuñar el pincel y lanzarse al territorio del abstracto con identidad propia.

Lo más grande —y lo mejor— de este artista nuestro es su vida artística, dedicada con disciplina y amor a lo que verdaderamente le apasiona. Basta entrar a su taller en Santiago para percibirlo.

Domina la técnica con colores limpios y vibrantes, logrando que su obra trascienda fronteras. Miles de sus pinturas están hoy diseminadas y colgadas en distintos rincones del mundo.

José Parra es, sin duda, un orgullo de las artes plásticas dominicanas.

Preguntas raras

a) Si la luz corre a 300 mil kilómetros por segundo,
¿a cuántos segundos por kilómetro correrá un chisme en un barrio?

b) Si el hambre que espera jartura no es hambre,
¿por qué todos quieren comer al mismo tiempo?

c) ¿Alguien sabe, por casualidad,
dónde fue que el diablo dejó la cachucha bota… y por qué tan lejos?

Cuentecito:

Pregunta un adolescente a su padre:

—Papá, ¿qué es el amor?
El padre responde:

—Es la luz que ilumina, es el alma, es la luz que alumbra el camino.

Entonces el joven pregunta:
—¿Y qué es el matrimonio?

El progenitor contesta:
—La factura de la luz.