Por Paino Abreu Collado
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El agua: sustancia esencial y fundamento de la vida
El agua es, al mismo tiempo, una de las sustancias más simples y una de las más extraordinarias de la naturaleza. Su fórmula química —H₂O— expresa la unión de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, pero esa simplicidad engaña: sus propiedades físicas y químicas la convierten en el pilar de la vida, en un regulador climático planetario y en un recurso económico y social sin equivalente.
A nivel molecular, el agua posee una estructura polar que le permite actuar como un excelente disolvente. Esta cualidad, sumada a su capacidad de absorber y liberar calor lentamente, explica por qué es indispensable para mantener la temperatura de los organismos y del planeta dentro de rangos compatibles con la vida. También explica por qué donde hay agua, aun en pequeñas cantidades, suele haber procesos biológicos activos.

El agua en los seres vivos
La presencia del agua en los seres vivos no es un detalle anatómico, sino un requisito funcional. En el cuerpo humano, el agua constituye aproximadamente el 60 % del peso total. En algunos órganos esa proporción es todavía mayor: el cerebro ronda el 75 %, la sangre cerca del 80 %. Esta presencia masiva permite que el agua funcione como medio de transporte de nutrientes, regulador térmico, lubricante de tejidos y soporte de las reacciones químicas esenciales.
En los animales, la variación del contenido hídrico depende de la especie y del hábitat. Los animales marinos, por ejemplo, están constantemente en equilibrio osmótico con el agua circundante, mientras que los animales terrestres desarrollan mecanismos de conservación —desde la piel gruesa de un camello hasta el comportamiento nocturno de reptiles desérticos— para evitar deshidratarse.
Las plantas, por su parte, contienen entre 80 y 95 % de agua, especialmente en sus tejidos frescos. La utilizan para transportar minerales desde el suelo, mantener su estructura (turgencia), realizar la fotosíntesis y regular la temperatura mediante la transpiración. En ecosistemas como los humedales y manglares, esta disponibilidad hídrica determina la riqueza y estabilidad del sistema.
Abundancia aparente, escasez real
El planeta Tierra es, visualmente, un planeta de agua. Sin embargo, su distribución explica la paradoja de la abundancia y la escasez. Aproximadamente el 97.5 % del agua disponible es salada, contenida en océanos y mares. Solo el 2.5 % es agua dulce, y de ésta, cerca del 70 % permanece inmovilizada en glaciares y casquetes polares. El agua dulce superficial —ríos, lagos, humedales— y subterránea accesible, constituye menos del 1 % del total mundial.
Este desequilibrio natural se combina con factores geográficos. La disponibilidad hídrica depende de la circulación atmosférica, la altitud, las montañas que atrapan humedad, la temperatura y la distancia al mar. Por eso existen regiones muy húmedas —como la Amazonía o el Sudeste asiático— y zonas extremadamente áridas como el Sahara o el desierto de Atacama. En islas tropicales como la República Dominicana, la interacción entre vientos alisios, montañas y corrientes oceánicas hace que el agua abunde en algunas cuencas y sea escasa en otras, aun en distancias relativamente cortas.
A esta distribución desigual se suma la acción humana. La deforestación, el desarrollo urbano incontrolado, la contaminación de ríos y acuíferos, y la sobreexplotación agrícola reducen la disponibilidad real del agua accesible. Esto es especialmente relevante en países que, como la República Dominicana, dependen de cuencas relativamente pequeñas y sensibles a alteraciones del uso de suelo, presiones urbanas y debilidades institucionales en su gestión.
Una sustancia simple, un desafío complejo
Comprender qué es el agua desde el punto de vista químico y biológico es apenas el punto de partida. El siguiente paso es analizar el agua como bien natural, recurso económico, derecho humano y responsabilidad colectiva. También será necesario entender cómo se gestiona institucionalmente en la República Dominicana, donde existen duplicidades, vacíos y conflictos, y qué reformas permitirían asegurar que su cantidad y su calidad beneficien de manera equitativa a toda la población.
Este artículo introductorio busca sentar las bases para abordar esos debates. Mientras tanto, y como colofón, me permito reproducir el diagrama que publica Unitet States Geological Survey (USGS), muy utilizado en todas partes por su claridad y facilidad de interpretación al mostrar los principales procesos del ciclo hidrológico: evaporación, condensación, precipitación, escorrentía, infiltración, transpiración y almacenamiento natural. Es un diagrama excelente para educar sobre el agua en todos los niveles.








