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Gremialistas de ocasión… Al Amanecer

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Buenos días. Al igual como ocurre en las diferentes organizaciones gremiales del país, en Santiago de los Caballeros hay quienes trabajan de manera constante, muchas veces en silencio, asistiendo a reuniones y actividades, impulsando iniciativas, defendiendo conquistas y enfrentando las dificultades propias de la vida institucional. Pero también aparecen los llamados “gremialistas exprés”, figuras que permanecen ausentes, que no apoyan las actividades de su entidad, que solo emergen cuando se acercan los procesos electorales internos y que representan una amenaza silenciosa para el fortalecimiento de la institución que les acoge. Ese comportamiento, lamentablemente cada vez más visible en el Colegio Dominicano de Periodistas en Santiago, merece una reflexión crítica y profunda. No se trata únicamente de una diferencia de estilos o de posturas personales, sino que se está frente a una práctica que debilita la cultura institucional y erosiona la credibilidad del gremio ante la sociedad y sus propios afiliados. A todas luces, es contradictorio que personas que rara vez participan en actividades formativas, asambleas, jornadas de integración o iniciativas reivindicativas y recreaticas, sean precisamente las más activas al momento de cuestionar, de sabotear todo cuanto se hace. Naturalmente, no es que no se critique siempre que haya razones para ello. La crítica, cuando es constructiva y acompañada de propuestas, siempre será saludable en tanto dinamiza de la vida institucional. El problema surge cuando ese derecho se convierte en una herramienta de asechanza permanente, utilizada desaprensivamente para desacreditar el trabajo ajeno, sin mostrar ningún interés por el resguardo de la imagen gremial. En Santiago los hay que, desde la comodidad de la distancia, se activan en temporada electoral y pretenden ganar el apoyo de otros, solo con propagar falacias, tirando piedras sin cesar y dejando de cumplir con sus elementales obligaciones ante el gremio. No les interesa entender que esa conducta genera desconfianza y alimenta divisiones innecesarias. El gremio no puede convertirse en un escenario donde algunos solo aparezcan para aspirar a cargos o para ejercer una oposición automática. La vida institucional demanda coherencia, compromiso y participación continua. Quien pretende dirigir debe primero demostrar vocación de servicio, presencia y capacidad de trabajo colectivo. Debe asimilar que el liderazgo auténtico no se improvisa en tiempos de campaña y que solo se construye con presencia constante, solidaridad y aportes reales. El CDP Santiago tiene retos importantes por delante y necesita de la unidad sincera, la participación constante y de dirigentes comprometidos durante todo el año, no únicamente en épocas electorales. Y tiene que ser así porque el liderezgo fuerte, convincente, capaz de persuadir a otros, no se edifica con oportunismo ocasional, ni campañas sucias, sino con trabajo sostenido, responsabilidad colectiva y sentido de pertenencia. ¿Será posible que lleguen a entenderlo alguna vez?

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