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Flancos abiertos a la inmigración desmedida

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Inmigración desmedida de haitianos.
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Mientras la Dirección General de Migración (DGM) denuncia la reincidencia de migrantes irregulares en la República Dominicana, es imperativo reconocer que este desafío se magnifica por fallas internas. La reincidencia, con deportados que regresan usando identidades falsas, es apenas un síntoma. Los verdaderos «flancos abiertos» a la inmigración desmedida son dos factores internos que la población dominicana conoce bien, exigiendo una reflexión profunda y acción urgente.

El primero es la porosidad de nuestra frontera, física y humana. Es un secreto a voces que las fuerzas de control en puntos fronterizos y carreteras, cuya seguridad se anula bajo soborno, permiten el trasiego humano y otros contrabandos. Esta complicidad interna desvirtúa todo esfuerzo oficial, convirtiendo nuestra defensa en un colador. La DGM, limitada a puntos formales, ve su trabajo comprometido, impidiendo la verdadera identificación del inmigrante.

El segundo flanco, igualmente corrosivo, es la impunidad con que operan algunas patrullas de migración dentro del territorio nacional. La ciudadanía dominicana es testigo de cómo estas patrullas, en lugar de cumplir su deber de supervisión y repatriación, recogen a inmigrantes haitianos en un punto para luego liberarlos en otro, mediado por sobornos. Esta práctica no solo alimenta la irregularidad, sino que siembra desconfianza en las instituciones. Es una afrenta directa a la transparencia y la rendición de cuentas, vital para la credibilidad pública.

El director Lee Ballester ha señalado limitaciones de personal y recursos de la DGM, anunciando la incorporación de nuevos agentes para ampliar su presencia en zonas fronterizas y para incrementar nuestra capacidad de respuesta y vigilancia. Estas medidas, que requieren colaboración con otras instituciones y que el presidente apoya para proteger la integridad del territorio, la soberanía y la dominicanidad, son necesarias. Sin embargo, su efectividad será nula si no se aborda con firmeza la corrupción arraigada que opera desde dentro. ¿De qué sirve añadir más ojos si los que ya están son ciegos por el oro que fluye de ese manantial humano.

La batalla contra la inmigración desmedida, que afecta a la sociedad, la economía y el desarrollo humano, no se ganará solo señalando la reincidencia externa. Es imperativo, con perspectiva crítica y analítica, que el Estado dominicano sanee sus propias filas, atacando la raíz del problema. Exigir transparencia e integridad a quienes deben proteger la frontera y hacer cumplir la ley es el primer paso hacia una solución integral y humanitaria. Solo así se protegerá genuinamente nuestra nación y su desarrollo sostenible. La inacción ante estos flancos internos es una grave traición a la patria.

 

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