
Buenos días. El ciudadano sabe que en República Dominicana hay muchos agentes del comercio que imponen sus propias reglas en materia de calidad y precios de los productos, artículos y “alimentos” que comercializan. Sabe, además, que no hay una vigilancia oficial lo suficientemente estricta que garantice la protección adecuada del consumidor ante semejantes prácticas. Por eso no hay que entrar en pánico ante la revelación que nos hiciera un maestro amigo, quien labora en una de las escuelas públicas de la ciudad capital. Según él, en el país opera una mafia que integran reconocidas casas editoras, quienes se dan a la tarea de cambiar el nombre y la portada de los libros de textos para venderlos como nuevos, pero el contenido es viejo. A simple vista pudiera aparentar una diablura más de las tantas que padecemos, pero es mucho más que eso porque encierra una estafa a los padres, a quienes se les vende gato por libre y, a la vez, encarna una negación a la posibilidad de que los libros de textos sean actualizados. ¿Cómo se permite que eso ocurra? ¿A caso no tiene el Ministerio de Educación una instancia responsable de supervisar, regular y autorizar el material que se convierte en los libros de enseñanza usados en nuestros centros escolares? El país merece una explicación al respecto, merece que se investigue la denuncia y que de confirmarse, se proceda sin titubeos.








