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El Turismo en República Dominicana

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Por Paino Abreu Collado

(Especial para De Ahora)

Daniel Toribio analiza en su artículo en Hoy del 03/01/2025 que “No todos los visitantes son turistas”. Es una observación muy pertinente: no todo el que entra al país debe contarse como “turista” en el sentido estricto del térmico. Si se pretende medir el impacto real sobre la economía y diseñar políticas públicas más efectivas para este sector, conviene una visión más segmentada, separando los visitantes por categorías.

Actualizada al cierre del año, según el Banco Central, el número total de visitantes alcanzó los 11, 676,90, cifra record según dicha información, pero con un crecimiento de solo 4.3 % menor al 6 % del 2023, que ya venía a la baja desde 2022.  Entre los visitantes, 2,815,732, es decir, el 24.11 % del total, son cruceristas,

Para fines de análisis, pueden distinguirse al menos tres grupos.  En primer lugar, el visitante que realiza una estadía en el país y gasta de forma directa en alojamiento, alimentación, transporte interno y recreación. Ese, en términos prácticos es el turismo “clásico”. En segundo lugar, está el dominicano no residente que visita el país, la mayor parte de las veces con motivaciones familiares. Y en tercer lugar está el crucerista, cuyo patrón de consumo difiere sustancialmente del turista que pernocta en tierra.

Llamemos Clase A al turismo que con mayor claridad se corresponde con el concepto literal de turista: el que permanece en el territorio y realiza gasto local durante su estadía. Extrapolando los porcentajes de Toribio en relación a las cifras finales del año, ese turismo ronda el 63 % del total de visitantes y viene desacelerándose en su ritmo de crecimiento. Sugiere que el componente más relevante para el gasto interno no está expandiéndose al mismo ritmo que la cifra global de “visitantes”.

El turismo de Clase B – dominicanos no residentes – alcanza alrededor del 13 % del total y según Toribio creció a una tasa de 7.5 %. En términos económicos este grupo aporta mediante gastos cotidianos, compras, regalos, y, en algunos casos mejoras o inversiones dirigidas a familiares.

En el turismo Clase B, sin embargo, ya se percibe un cambio generacional, debido a que muchos nacidos o criados fuera del país, vienen estrictamente por placer y consumen servicios turísticos como cualquier otro visitante extranjero.  De ahí, entiendo, la importancia que destaca Toribio en relación al crecimiento de este segmento. Es cada vez más frecuente escuchar que tales o cuales familiares estuvieron una semana en un resort de la costa Este, de Puerto Plata o de Samaná, sin que necesariamente hayan contactado a las familias locales.

Por su parte, el turismo Clase C, correspondiente a cruceristas, cuyo peso actual es casi la cuarta parte del total, es un tipo de visitante con una dinámica distinta. Dado que lo que compra es en esencia un “resort andante” (con casi todo incluido), prácticamente todos sus gastos ocurren dentro del barco (bebidas, artículos en las tiendas internas, juegos de casino e incluso excursiones organizadas. Muchos pasajeros ni siquiera bajan de la nave en el puerto. Otros descienden solo para recorren áreas y comprar recuerdos.

A propósito de lo anterior, el comercio artesanal y los servicios de transporte tienden a ser los dos sectores que más capturan gasto en tierra cuando llega un crucero, por tanto, son áreas a fortalecer en los entornos portuarios, con medidas que mejoren la oferta, la organización, la seguridad, la calidad y la experiencia de compra de un visitante que escasamente se aventura a recorridos largos dentro de las pocas horas de estadía del barco en puerto.