No se logrará con decretos sino mediante un pacto
Por Paino Abreu Collado
(Especial para De Ahora)
La ría del Ozama, desde su desembocadura en el mar Caribe y en todo el estuario que abarca las riberas Este, Oeste y Norte, constituye un patrimonio natural inconmensurable cuyo potencial de riqueza y desarrollo es mayor que la más grande mina de oro que jamás pudiéramos imaginar.
A orillas del Ozama se construyó la primera ciudad del nuevo mundo y desde sus márgenes salieron los barcos y navegantes a descubrir y conquistar los demás territorios del continente. El valor histórico y cultural de la Primada de América y de su río Ozama es incalculable.
Las presentes generaciones tienen el reto de establecer el plan que salvará el Ozama y que mejorará la calidad de vida de los habitantes de sus riberas, para lo cual se requiere de un pacto político debido al largo plazo de implementación que conlleva. Sabemos que si hay voluntad eso se puede lograr, en el mundo hay ejemplos.
El “gran hedor” del río Támesis en 1858 fue la piedra de toque que unió la ciudad de Londres y sus habitantes; en algún momento el río fue declarado biológicamente muerto y se necesitaron más de 150 años para su rescate, pero hoy el Támesis es un atractivo de dicha ciudad. En Boston los ciudadanos se unieron y trabajaron por más de siete décadas junto al empresariado y el gobierno local, hasta que al fin lograron limpiar y sanear el envenenado Charles River, donde ya ha retornado la vida acuática y la gente se baña en sus aguas.
En América Latina hay varios casos de éxito que hacen historia como los del río Mapocho en Santiago de Chile, el rio Suquí en Córdoba-Argentina, los ríos Medellín y Bogotá en Colombia, el río Tomebamba en Ecuador y el río La Piedad en México, en todos los cuales, con diferentes tipos de intervenciones se han transformado cauces y riberas en áreas citadinas de interés social y económico.
En nuestro país hemos permitido que el río Ozama sea la cloaca de media Capital y aunque en los últimos años se han realizado acciones orientadas a mejorar la vida de asentamientos humanos circundantes, los proyectos ejecutados no han formado parte de un plan de desarrollo integral de la cuenca y del entorno fluvial del río. Entre otros se reconocen los Decretos: 183-93 del Cinturón Verde, el 76-94 del proyecto RESURE, el 16-13 que creó la Unidad Ejecutora del Plan URBE, el 260-14 que declaró de interés nacional preservar la cuenca alta del río y el 87-15 en el mismo sentido del anterior.
El Decreto 531-25 que expone de nuevo la intención de “recuperación de los ríos Ozama e Isabela en el ámbito metropolitano del Gran Santo Domingo” tiene la bondad de que podría ser la base para alcanzar un acuerdo político, social y económico que salve para las próximas generaciones la mayor riqueza natural de la ciudad capital y de la provincia Santo Domingo. Ese acuerdo político es imprescindible para que se pueda formular y ejecutar con éxito el plan de “regeneración física, urbana y ambiental de los terrenos ubicados en las riberas del río” como lo plantea el Decreto. Todo dependerá de la actitud del Presidente Abinader.
Lo importante aquí, por un lado, es que no estaríamos frente a un proyecto político reeleccionista y por el otro, que el Presidente Abinader pueda entender – si quiere casarse con la gloria – que solamente la planificación, incluyendo la concertación política y social necesaria para un proyecto de esta envergadura, prácticamente se llevaría todo el tiempo que resta de éste su segundo y último período de gobierno. Su logro sería la concertación del pacto. Convóquelo Señor Presidente, es un camino de ganar-ganar.
Los problemas ambientales y urbanísticos de los ríos Ozama e Isabela requieren consensos interinstitucionales y comunitarios. Las intervenciones no pueden ser sectoriales ni discontinuas sino por el contrario sistemáticas, aplicando un modelo integral de ordenamiento, supervisión y participación ciudadana, aunque se tome cien años. Y ahí precisamente es donde subyace el nudo gordiano, ya que este tipo de plan requiere la visión de un estadista que no aspire a resultados en un periodo de gobierno.
Los numerosos proyectos que implicaría un plan de desarrollo como el que hay que visualizar requieren continuidad en el tiempo e inversiones cuantiosas. El financiamiento podría ser en base a préstamos multilaterales de largo plazo, debido a que su repago puede ser pensado en base a la generación de valor del propio desarrollo.
Cualquiera sea el modelo de plan de desarrollo alrededor de los ríos Ozama e Isabela, se requiere visión socio-ambiental de largo alcance. Advertimos que las leyes y decretos solo cobran sentido cuando la voluntad política y social va más allá de los instrumentos normativos y de los anuncios puntuales, consolidando la gobernanza ambiental y el ordenamiento territorial como ejes de intervención y gestión permanente.
Se por Calderón de la Barca que los “sueños, sueños son” pero yo sigo soñando, porque “soñar no cuesta nada”







