
Buenos días. En ocasiones, la vida suele colocarnos ante hechos y situaciones que indignan y envuelven en impotencias. Esos sentimientos recientemente me embargaron ante lo que le ocurriera a Freddy, un jovencito haitiano de los millones ilegales que residen en República Dominicana, y a Marcos, un muchacho dominicano de los tantos sin empleo con que contamos en el país. Freddy es un joven utilitario, conversador, siempre dispuesto, que se la busca entre el vecindario haciendo cosas a cambio de alguna retribución. Hace cuatro días, “la camiona” lo sorprendió temprano en la mañana y se lo llevó. Pero fue más bien para “marearlo” con unas cuantas vueltas juntos a otros de su país. “Al que no tiene dinero encima, se lo llevan. Por eso uno va juntando por si acaso. A mí y a otros nos quitaron 15 mil pesos a cada uno y nos bajaron de la camiona, pero si no tiene ese dinero, te deportan. “Eso solo dura hasta que consiga dinero para pagar el regreso”. Se trata de una realidad difícil de digerir y de la que, casi a diario, se reciben testimonios de ilegales. El caso de Marcos no es menos indignante. Como ocurre con cientos de miles de jóvenes nuestros, apenas cursó un cuarto curso de primaria, no tiene empleo formal y a base de ayuditas y un préstamo familiar, juntó el inicial para “sacar” un motor con valor de 70 mil pesos y dedicarse al “motoconcho”. Justo a los nueve meses de “trabajo”, le robaron el motor y, como es lo habitual, reportó el caso a la policía y a la empresa que le “fiara” el aparato. Tras varios viajes al cuartel, finalmente le informaron que “sabían dónde estaba el motor”, pero que, para recuperarlo, “había que pagar 35 mil pesos”. Dominado por la ira y la impotencia, el muchacho tristemente prefirió dejar perder su motor. No tenía de dónde sacar ese dinero, además de que debe cumplir con las mensualidades hasta cubrir el fiao. ¡Y no se trata de cuentos hadas! Ambos casos forman parte de una realidad maldita que en República Dominicana casi funge como norma cotidiana, solo que los criollos esperan sean superados cuando arranque la mentada «reforma policial”…








