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De sábado Sin Alcohol

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Sin Alcohol
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Suavecito… Si baja, sube… ¿El pueblo se tragará el lucio?… En el argot popular, tragarse el lucio es igual a aceptar como bueno y válido un truco político o una información falsa. El consumidor, el pueblo dominicano, se traga el lucio si de manera pasiva asume como algo normal y necesario, la congelación de los precios de los combustibles, gasolinas, gasoil y demás, para la próxima semana a pesar de sustancialmente haber bajado el petróleo. ¡La medida es sabichosa e ilegal! La ley 112 es precisa al establecer que los precios de cada semana se calculan a partir del comportamiento de la cotización del petróleo en el mercado de Texas en los primeros tres días de la semana. En otra palabra, si el miércoles el barril sube, entonces los precios de los combustibles subirán proporcionalmente. Si por el contrario baja, las autoridades tienen que aplicar rebajas en los combustibles. ¡Pero ahora se desconoce la ley y en nombre de puras argucias, se cometen dos atropellos contra el bolsillo del consumidor dominicano! Primero, a pesar de que el barril cayó el miércoles hasta los 74.96 dólares, los genios del Gobierno se inventan que la baja no se iguala a como estaba el precio antes de que iniciara la guerra contra Irán y que, por esa razón, ¡en vez de bajar mínimo 25 pesos a las gasolinas, las congelaron! Un señor tablazo que permitirá al Gobierno ingresar miles de millones de pesos. Y en segundo atropello a la ley y al bolsillo, guarda relación con el congelamiento por tres meses de los precios de todos los combustibles. La disposición violenta la ley 112 y se disfraza de bondadoso caramelo, mientras deja abiertas las puertas para que ingresen más cuartos a las arcas de un Estado botarato. Eso sí, el congelamiento solo podría quebrarse si el petróleo supera el toque dispuesto por la autoridad, nunca si baja como cerró el miércoles… Senasa y Oncológico: ¿Corrupción cruzada? Hay señales que inclinan a sospechar que entre los casos Senasa y Oncológico de Santiago hay perversas conexiones. Entre uno y otro se detectan movimientos millonarios y como ambos fueron convertidos en muros de la vergüenza por la magnitud de hechos abominables, no está demás que el vínculo sea investigado a profundidad. Aunque la cabeza se perturba cuando se compara lo que pasó en ambas entidades, al menos se aspira a que, una vez comprobada cada acción criminal, los culpables sean procesados de manera ejemplar. Y que no se quede todo en componendas, ni en maniobras legales que solo tengan como propósito proteger a criminales, precisamente a quienes no importó para nada la salud y vida de los demás… (CE).

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