Por César Pérez González
En los últimos dos años, la República Dominicana ha sido testigo de un marcado deterioro en el sistema energético nacional. Lo que prometía ser una etapa de modernización y estabilidad bajo la administración del presidente Luis Abinader y la gestión del ingeniero Celso Marranzini al frente del sector eléctrico, se ha convertido en una cadena de apagones, fallas estructurales y frustraciones para los ciudadanos.
Promesas de estabilidad incumplidas
Al asumir el control del sector, las autoridades prometieron eficiencia, transparencia y un suministro eléctrico confiable. Sin embargo, las estadísticas y la experiencia diaria del pueblo dominicano muestran una realidad distinta.
Los apagones se han incrementado tanto en zonas rurales como urbanas, afectando la producción industrial, el comercio y la vida cotidiana de millones de hogares.
El supuesto plan de fortalecimiento del sistema de transmisión y distribución no ha logrado los resultados esperados, mientras que la falta de mantenimiento preventivo y las deficiencias en la inversión en infraestructura se hacen cada vez más evidentes.
Una crisis que afecta a todos
Durante el año 2025, los apagones se han convertido en parte del día a día. En algunos casos, la interrupción del servicio eléctrico ha afectado hospitales, centros educativos y hasta instalaciones deportivas, como se evidenció recientemente en el Estadio Cibao.
Empresarios y consumidores coinciden en que el alto costo de la energía, sumado a su inestabilidad, está frenando la competitividad y el desarrollo nacional.
Aumentos sin mejora en el servicio
Paradójicamente, mientras la calidad del suministro empeora, los precios de la electricidad han seguido aumentando. Esto ha generado una ola de indignación social y protestas pacíficas en distintos puntos del país, reclamando la revisión de la política energética y la rendición de cuentas sobre los fondos invertidos en el sector.
Hacia una reforma real y sostenible
El país necesita un cambio profundo en la gestión energética. No se trata solo de generar más electricidad, sino de hacerlo con eficiencia, planificación y transparencia.
La República Dominicana tiene el potencial para desarrollar energías limpias y sostenibles, pero requiere una dirección firme, una política pública coherente y el compromiso real de sus autoridades.
Mientras tanto, la población continúa pagando las consecuencias del descalabro del sistema energético, esperando que las promesas de modernización no se queden en discursos.








