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Corruptos desde las tripas…Al amanecer

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Buenos días. No pocos cogen gusto en este país caribeño, se frotan las manos, les brotan contenturas en el cuerpo, brincan como chivos cuando denuncian que los que estaban en el poder, no importa el tiempo, se robaron todo, metieron la mano allí, cogieron de aquí, se llenaron los bolsillos y acabaron con medio país. ¡Pero las experiencias vividas desalientan y nos advierten que, a pesar del ruido, todo termina siendo puras chácharas. Es cierto que muchos pasan por tontos al llegarse a creer que los que hacen la denuncia y chuban la justicia contra esos “ladrones”, son santos traídos de China y Suiza, gente que, por su cultura y conciencia, no tocarán un solo peso de los cuartos públicos ¡Pero luego llegan las decepciones! Y es que sencillamente estamos aquí y eso significa que vivimos donde la generalidad de los partidos políticos, están permeados por gente con hábitos de meter la mano, mañosos que esas estructuras partidarias permiten y anidan, gente que tiene claro que conseguir un cargo, es una oportunidad “para conseguir lo mío”. Por eso en casi la generalidad de los gobiernos que conocemos, con muy pocas y honrosas excepciones, han salido a relucir casos de sujetos que, en el desempeño de determinadas funciones, se aprovechan de los bienes y dineros propiedad del pueblo. Eso explica el por qué y a pesar de las advertencias tempranas formuladas por el presidente Luís Abinader, en procura de evitar que ese cáncer cobrara cuerpo en sus gobiernos, justo ocurre lo contrario. Pasa porque la cultura pro-corrupción aquí, como en otras experiencias de América Latina, definitivaamente se lleva en las tripas. Naturalmente, el génesis está en los partidos políticos que no hacen lo debido para limpiarse y luego asegurar que sus gobiernos estén libres de esas rémoras. Por eso los cuestionamientos a las campañas contra la corrupción, que más que luchas frontales y de prevención, no pasan de ser operativos, amagos con los que se complace lineamientos foráneos, cumplidos mediáticos, aguajes que no llegan al fondo porque no pueden llegar en tanto lesionan sagrados intereses que involucran zonas y entes intocables. En definitiva, la corrupción administrativa, con sus multimas formas operativas, es parte del ADN de los partidos políticos en República Dominicana.