(Lectura para el sábado)
El pasado viernes 29 tuvo efecto el proceso eleccionario del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP). Escribir sobre el particular desde una visión crítica, destacando sus manipulaciones y resultados, pudiera interpretarse como una necedad y hasta provocar descalificaciones hacia nosotros por parte de los “triunfadores”, ¡pero corremos el riesgo!
Lo aparentemente práctico sería felicitar al trío marcelinista por un “triunfo más” y augurar éxitos a Luís Pérez por ganar el derecho de conducir al CDP por dos años. ¡Y que la vida siga su agitado curso..!
Pero para que eso ocurra, tendrían que darse dos condiciones ineludibles. Primero, ser un adocenado seguidor del Marcelino Vega y, segundo, comportarse como un ingenuo incapaz de descifrar las funestas consecuencias que seguirán gravitando en el futuro inmediato del CDP.
Fuera de esos dos escenarios se hace fácil advertir y admitir a la vez, realidades y temores que tienen fundamentos en la praxis misma que ha trazado el CDP en los años de reinado marcelinista.
¿Por dónde empezar el análisis de lo que llamamos realidades y temores? Parece razonable partir del proceso mismo de las votaciones, porque el comportamiento tremedista de la Comisión Nacional Elerctoral y los resultados arrojados por este, encierran realidades que no resisten el análisis crítico, ni la ponderación objetiva.

El escenario electoral por sí sólo aporta variables de gran valor para entender lo que está pasando con nuestro Colegio Dominicano de Periodistas, así como para proyectar lo que ocurrirá en su devenir inmediato. Por ejemplo, los «árbitros» pasaron hacer ejecutores autómatas de los intereses del trío de inútiles que controla el CDP. No pudo darse un desempeño más miserable, incondicional, irregular y temerario, que el tristemente asumido, como gesto de agradecimiento a favores recibidos, por el organismo llamado a organizar con transparebcia el proceso electoral.

Entre los supuestos «jueces electorales» hubo de todo, pero siempre en procura de no fallar al amo. Por ejemplo, mientras una de las «juezas» se dio el lujo de publicar en su muro de facebook «mensajes» ofensivos y parciales contra José Beato, el candidato ilegalmente sacrificado, otra actúo abiertamente en contra de la plancha #3 y los rumores acerca de la actuación del presidente, muy sazonados en los círculos gremiales y periodísticios en general, martillan la sospecha de que «fue en agradecimiento a que le consiguieron el Premio Nacional de Periodismo».
En sintexis, la Comisión Nacional Electoral actuó como verdugo y, la vez, como un supraórgano no avalado por la Ley 10-91, el Reglamento Interno, ni el Reglamento Electoral.
Acerca de los resultados arrojados por las urnas se perciben contrates y se confirman dudas. La participacion no solo fue baja, sino que hay suficientes indicios que comprueban manejos interesados, con la marcada intencion de favocer a la plancha empujada por el trío.
El grado altísimo de abstención que se ha venido registrando en los últimos procesos electorales, es señal inequívoca del desinterés de la mayoría frente a una institución que no le representa, ni la aporta nada en lo absoluto.
Naturalmente, esa frialdad de la membresía para con su colegio ni le va ni le viene a sus dueños, porque sus fines particulares le alejan cada vez más del comprimo con el periodismo decente y con el sentir de los periodistas. Eso hace entendible que el trío se haya reducido a una simple maquinaria electoral, que pone todo su empeño en ganar, a como dé lugar, para perpetuarse en la dirección del cada vez más disminuido CDP.
Otra variable de importancia tiene que ver con la puesta en marcha de todo tipo de manipulaciones que colocaron al Marcelino Vega en ventajas frente a sus opositores, muy a pesar de las denuncias reiteradas y de los esfuerzos que desplegados para que la Comisión Nacional Electoral garantizara un proceso imparcial y limpio.
Quienes han hecho vida gremial y fungido como actores de primera línea en el discurrir del CDP en la última dé cada, saben a ciencia cierta que la entidad tocó fondo en su crisis moral e institucional y que, para renacer, el nuevo incumbente tendrá que pactar con los periodistas, con las estructuras de base del gremio, con los actores que hacen vida interna, tendrá que sobreponerse a los encargos y compromisos con el reducido grupo que solo ha tenido como grandeza descalabrar al Colegio Dominicano de Periodistas.
Tendrá que emplearse a fondo en la tarea de superar un modelo agotado, sin capacidad ni visión gerencial, responsable de la prolongación de su estado de involución, y que ha lacerado la naturaleza propia del gremio hasta reducido a un escondrijo para la supervivencia de personas que no tienen espacio en el mercado profesional del periodismo dominicano.
Finalmente y por ahora, el «triunfo» confirma que, como diría Jean-Jacques Courtine, los estrategas del trío Marcelinista demostraron una vez más que son “verdaderos artistas de la ilusión, príncipes del espejismo político”, gente con plena conciencia de que “la mentira se calcula, se sopesa, se destila y se dosifica”…








