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Bananeros del Noroeste: abandonados a su suerte

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El pasado fin de semana estuve en la tierra que me vio nacer y crecer, la provincia de Montecristi. Regresé con la preocupación que me produjo lo que vi y las conversaciones con amigos productores de bananos, por lo que decidí investigar y escribir sobre el tema. El sector bananero en la Línea Noroeste constituye un pilar fundamental de la economía nacional y regional. Con provincias como Valverde y Montecristi a la vanguardia de la producción, esta industria no solo es una de las principales fuentes de divisas de la región a través de las exportaciones, sino que también genera decenas de miles de empleos directos e indirectos y ha sido clave en la reducción de la pobreza de la región. El país incluso ostentaba un liderazgo mundial en la exportación de banano orgánico, siendo Europa su principal mercado. Sin embargo, a pesar de su indiscutible importancia, este sector vital se encuentra actualmente sumido en una profunda crisis, que sugiere, para muchos de sus actores, una sensación de abandono a su suerte.

A nivel de ocupación, las estimaciones varían, pero todas subrayan su magnitud, pues garantiza la ocupación de alrededor de 80,000 empleos directos e indirectos en la Línea Noroeste, de los cuales dependen más de 15,000 familias. La crisis pone en riesgo la estabilidad de esta población, por lo que el impacto socioeconómico es crítico, especialmente en una región con elevados índices de pobreza.

El panorama actual es sombrío. Desde 2022, la industria bananera dominicana enfrenta una situación crítica. Las exportaciones han caído drásticamente, pasando de US$363 millones en 2021 a US$250 millones en 2023, una diferencia negativa de US$113 millones respecto a 2022. La caída ha continuado, llegando a un valor de US$202.7 millones en 2024, lo que representa un descenso del 44% en comparación con 2021. La productividad también ha disminuido significativamente, de 2.0 a 1.2 cajas por tarea por semana, con fincas operando por debajo de mínimos históricos.

Las causas de esta crisis son múltiples y sobrepasan la capacidad de respuesta individual de los productores. El constante aumento de los costos de producción, que han subido alrededor de un 30%, mientras que el precio de venta, tanto local, como en el mercado de exportación, no es suficiente para cubrir estos gastos, generando pérdidas. El cambio climático y los fenómenos naturales son factores recurrentes, con altas temperaturas afectando la calidad y maduración del banano, y eventos extremos como sequías prolongadas, inundaciones y tornados que destruyen plantaciones. A esto se suman las plagas y enfermedades, con la aparición inesperada del ácaro desde mediados de 2023, causando graves daños y pérdidas de calidad.

La mano de obra, históricamente dependiente de trabajadores migrantes haitianos que subjetivamente se estima en más del 80% de la fuerza laboral en algunas áreas, es otro desafío crítico. Estos trabajadores, por un tema migratorio, prestan un servicio inestable, debido a que los operativos de deportación agravan la falta de personal, poniendo en riesgo la continuidad del trabajo agrícola y la sostenibilidad de su manufacturación. Las alternativas que se exploran, como la «dominicanización» y la mecanización, carecen de un plan concreto y viable y el sector sigue dependiendo vitalmente de esta mano de obra.

Asimismo, los desafíos de comercialización y la pérdida de mercados, especialmente en Europa, son alarmantes. Nuevas normas exigidas por la Unión Europea y constantes reclamos de calidad por parte de los compradores, que generaron pérdidas económicas, estimadas en US$7 millones en 2023, mientras que las actuales son inestimables por falta de datos como consecuencia del propio abandono del sector por parte de las autoridades agrícolas y el gobierno. Otros países con mayor volumen y logística de exportación amenazan con acaparar el mercado orgánico. Productores denuncian incluso problemas de pago por parte de algunos compradores, quienes alegan que la fruta llegó dañada. Estas dificultades comerciales han llevado a que el país pierda su lugar como el principal exportador de banano orgánico a nivel mundial.

Ante estas adversidades, las asociaciones de productores han hecho repetidos llamados al gobierno en busca de apoyo urgente. Han solicitado medidas como la inclusión del sector en un renglón sectorizado, la garantía de mano de obra mediante permisos para extranjeros o incentivos para dominicanos y la implementación del proyecto «Rescate de la competitividad», que incluye financiamiento para la renovación y mantenimiento de plantaciones. También se necesita financiamiento para combatir plagas y enfermedades y períodos de gracia para deudas. El INDRHI le pone la situación más difícil a los pequeños productores, que son los más vulnerables, pues ignorando su nivel de endeudamiento y su incapacidad de afrontar los altos costos de producción, le corta el servicio de agua por impago, lo que evidencia una indolencia gubernamental sin límite.

El sector bananero de la Línea Noroeste, vital para la economía, el empleo y el bienestar social de la República Dominicana, se encuentra en un momento crítico. Los efectos combinados del cambio climático, plagas, altos costos, problemas laborales y desafíos comerciales han provocado una drástica caída en la productividad y las exportaciones. Las reiteradas solicitudes de apoyo urgente por parte de los productores ante la magnitud de la crisis contrastan con la situación actual, lo que lleva a temer que este sector clave esté siendo abandonado a su suerte, con el riesgo real de desaparecer si no se implementan medidas contundentes y oportunas.

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