
Buenos días. Este martes 22 de abril celebramos el Día de la Tierra. Fecha que se adoptara un día como hoy en 1970, con la finalidad de despertar, de forjar conciencia acerca de la necesidad impostergable de proteger los ecosistemas que sostienen la vida en el planeta. Para entonces, 20 millones de personas tomaron las calles para exigir leyes y normas que frenaran los daños que ya padecía la única casa que poseemos los humanos. Cincuenta y seis años después de la proclama, los logros son pírricos, casi imperceptibles ante los daños imparables que unos pocos, poderosos e intocables, han infringido. Sin temor a equivocaciones, se puede asegurar que, a pesar de lograrse mejores leyes y contar con tecnologías, la Tierra está en peores condiciones que en 1970. ¿Por qué? ¿Quiénes siguen fungiendo como sus verdugos? El gran responsable es el sistema económico global, que, enfocado en el PIB como única medida de éxito, consume recursos que el planeta no puede regenerar. Simplemente extraen más de lo que la Tierra ofrece. Mientras el enfoque hace hincapié en el CO₂, se ignora que hemos perdido el 69% de las poblaciones de fauna silvestre desde 1970 y aunque el Acuerdo de París (2015) fijó la meta de no superar los 1.5°C, las emisiones de carbono, el problema siguió subiendo durante años antes de estabilizarse ligeramente. Los daños no son culpa de todos, como se pretender hacer creer, sino de actores fácil de identificar, como las poderosas industrias de los plásticos y de los Combustibles Fósiles, esta última integra a un puñado de empresas responsables de la mayoría de las emisiones históricas. Se suman al crimen, la agricultura intensiva y el ganado, principales causas de la deforestación en el Amazonas y de la contaminación de los suelos por nitratos, entre otros poderosos agentes nocivos. ¿Por qué sigue esto ocurriendo ante la mirada cómplice de Gobiernos y organismos internacionales? Porque priorizan las ganancias, el negocio, las riquezas, antes que asumir con responsabilidfad su cuot der compromiso paraa saalvar el planeta. Así de simple, así de cruel…








