Por Paino Abreu Collado (1)

(Especial para De Ahora)
En 1996 el Banco Agrícola de la República Dominicana enfrentaba desafíos significativos tanto en eficiencia operativa como en gestión crediticia, debido a la elevada nómina de empleados y una cartera de préstamos relativamente pequeña y afectada por altos niveles de morosidad. Solo para hacernos una idea del terreno que pisábamos, en ese entonces el Bagrícola con casi tres mil empleados manejaba una cartera de tan solo 1,300 millones de pesos para unos 14 mil prestatarios, indicando montos promedios de menos de 100 mil pesos por beneficiario, y si lo medimos en términos del personal el dato refleja menos de 500 mil pesos y apenas unos cinco préstamos por empleado. Comparativamente, en una entidad financiera privada del país se manejaban por esa época hasta 16 millones de pesos de cartera y más de 300 clientes por empleado, respectivamente.
He decidido contar algunas anécdotas de mi paso por la administración de esa Institución, ahora que todavía las recuerdo, con la esperanza de que de alguna manera sirvan de experiencia a otros o al menos queden para la historia.
Cuando el suscrito asumió por primera vez la Administración General del Bagrícola nos encontramos con varios hechos insólitos. Uno de ellos reclamaba solución urgente: no había recursos suficientes para pagar la nómina de empleados en agosto de 1996, la que rondaba en unos 25 millones de pesos mensuales.
En una entidad pública o privada muchas cosas pueden fallar, pero dejar de pagar los salarios por falta de fondos, y más en una institución de carácter financiero, eso solo puede ocurrir por quiebra total. Hay que imaginar el grave problema que aquello significaba.
La solución inmediata fue ordenar transferencias de fondos, de los magros recursos de la cuenta de capital para préstamos que aún quedaban en algunas sucursales, hacia la cuenta de gastos corrientes de la sede central.
En los meses subsiguientes la solución fue reducir la nómina de personal en cerca de mil empleados, casi una tercera parte del total. En términos funcionales eso no sería problema para la institución por cuanto una gran parte del personal era considerado “botella”, pero en términos políticos estamos hablando de tomar un camino que afectaba el liderazgo político del Doctor Balaguer, quien había apoyado al Partido de la Liberación Dominicana y al Dr. Leonel Fernández para llegar al poder. Sin embargo, no hubo alternativas y se tuvo que tomar la desagradable medida.
En un país tan pequeño muchos colectivos están formados por familiares, amigos cercanos y conocidos, así que fue muy difícil la coyuntura por la que tuvimos que atravesar. Uno de los empleados afectados por la reducción de personal se agenció el respaldo de un alto dirigente de nuestro partido de ese entonces, por cierto, un gran amigo que ya no está en este mundo. Sus ruegos en favor de una persona comprobadamente pobre me partieron el alma, pero igual no podía complacerlo sin caer en una debilidad que impediría restaurar la normalidad de la institución.
Meses después, por nuestra solicitud, el Presidente de la República, Dr. Leonel Fernández, enfriaría la temperatura del Banco, autorizando la asignación de una partida presupuestaria mensual para cubrir la nómina y ciertos gastos corrientes institucionales. Acertada decisión del Presidente Fernández ya que, a partir de entonces, la paz y la tranquilidad que trajo a la institución la indicada inyección de recursos, permitió que dedicáramos nuestras energías a intentar superar los pésimos indicadores financieros y crediticios del Bagrícola, debido a la entronizada “cultura del no pago” que había llevado los niveles de morosidad a casi un 60 %.








