
Buenos días. El triunfo alcanzado este domingo por la confesa derechista Laura Fernández en Costa Rica, confirma y a la vez consolida la tendencia que, hacia la derechización política, viene ocurriendo en varios países de América latina. Lo ya visto en Honduras, Guatemala y Chile, donde la mano manipuladora del imperio ha sido más que visible, no solo reafirma la condición servilita de patio trasero de esta parte del globo terráqueo, sino que delata a América Latina como un molde político donde sus países lucen estar hechos con la misma pinta y, gracias a la manipulación y escasa conciencia de sus pueblos, se padecen los mismos problemas, salvo muy remotas excepciones. El contexto hace entendible el hecho de que, a muchos de nuestros pueblos de la América Morena, de cuando en vez y de vez en cuando, les coge con inventar en tiempos de campañas electorales como ofertas que no representan sus sentimientos y expectativas de cambios reales, resultando arrastrados por la trampa de comprar baratijas por oro de 18 quilates. Bajo los efectos del jumo emocional que le provocan los discursos resonantes, simples descargas de falsedades con las que se dejan embaucar, los latinoamericanos terminan siendo las víctimas de un modelo fracasado, que no acaba de fijar el curso de su propio desarrollo, ni romper la cada vez más profundas deigualdades que solo incrementan la pobreza en el continente. De modo que el triunfo de la Fernández en Costa Rica es tan sola una señal más de que, muy lamentablemente, Amáricaa Latina seguirá siendo presa de sus enemigos internos y externos.








