Suavecito… Préstamos de mis amores. Con la velocidad de la luz, el congreso nacional aprobó este viernes dos nuevos préstamos por 465 millones de dólares, que equivalen a 27 mil millones en pesos dominicanos. La ocasión se presta para aplaudir la extraordinaria habilidad de nuestras autoridades para endeudar al país con una eficiencia que haría sonrojar a cualquier banco comercial. Los préstamos internacionales llegan por miles de millones, pero sus frutos parecen disfrutar de un sofisticado programa de invisibilidad. El ciudadano busca carreteras impecables, hospitales modernos, escuelas equipadas y empleos de calidad, pero solo encuentra discursos, inauguraciones en su gran mayoría de poca monta y promesas recicladas. Si el dinero realmente está transformando la nación, debe ser en un país paralelo al que la mayoría nunca ha sido invitada. Se afirma que el actual gobierno ha contratado más préstamos que todos sus antecesores juntos desde la colonización europea; un récord impresionante, aunque poco digno de celebración. Lo curioso es que, mientras la deuda crece sin descanso, la transparencia se reduce y la calidad de vida apenas se inmuta. Al final, el pueblo termina pagando una cuenta cuyo menú jamás le permitieron leer y peor, la futuras generaciones deberáN pagar por las habas que jamás probaron. MUTILARON EL ESCUDO. Hay que aplaudir de pie la asombrosa eficiencia de nuestras autoridades. En un país donde aprobar cualquier ley importante toma décadas, aunque solo días si favorece a los intereses de siempre, la JCE logró mutilar el Escudo Nacional en la nueva cédula sin molestar a ningún Órgano del Estado, ni «perder el tiempo» en engorrosos debates públicos. Raudos y veloz, con un simple clic, los señores de la JCE decidieron extirpar la Biblia de nuestro símbolo patrio y lo hicieron con una ligereza digna de profunda admiración. Total, ¿para qué respetar la Constitución cuando se puede jugar al diseñador gráfico desde el aire acondicionado de un escritorio? Resulta fascinante ver cómo la burocracia asume el poder de rediseñar la identidad dominicana por puro capricho y bajo la mirada indiferente de la autoridad. Lo cierto es que, en un abrir y cerrar de ojos y de espaldas al pueblo, le pasaron goma de borrar a nuestra historia. ¡Brindemos por este autoritarismo visual donde los símbolos patrios son apenas simples adornos desechables! ¡Que viva República Dominicana! (CE).








